Por: J. Jesús Juárez Martín
El evento se realizó muy cercano a la celebración histórica de Zapotlán el Grande 482 Aniversario de la Fundación novohispana del Pueblo de Santa María de la Asunción de Tzapotlán. El inolvidable franciscano JUAN DE PADILLA, con pocos hermanos de su orden y algunas familias españolas, ante el asombro de la población indígena hicieron la traza de los principales edificios de la naciente población, que llegaría a Grande, la fecha de la fundación fue el 15 de agosto de 1533, que crece y crece, cada vez más, somos aproximadamente 120 mil habitantes.
La fluida disertación de los ponentes mantuvo expectantes a los asistentes que les quedó claro que la Encíclica, documento formal de la Iglesia Católica, comunicación especial del Sucesor de Pedro Obispo de Roma pretendiendo hacer conciencia no sólo a los feligreses que suman mil doscientos millones de católicos, sino a la humanidad responsable, consciente o inconsciente del mal trato que ha llevado a las alteraciones de los ecosistemas, un análisis científico de la situación deplorable de la Ecología y los destrozos que sufren los elementos, aire, agua y suelo por la explotación irracional de los recursos, impulsados por el consumismo y la desmedida ambición de ganancias fáciles. Es una alerta a toda la humanidad, un llamado a corregir nuestras formas de vivir en auxilio de los que menos tienen, dañar lo menos posible a la tierra, que acciones gubernamentales e institucionales se encaminen a la restauración de nuestra casa. Por vez primera se utilizan conocimientos científicos y se den propuestas para no llegar a índices menores de deterioro global.
No es asunto exclusivo de los particulares, es un asunto incluyente a todo humano con afectaciones sociales profundas, de implicaciones políticas mundiales que sólo con voluntad fraterna podrán corregirse los estilos de vida a mejores comportamientos que impacten en el medio ambiente y que la producción cuide sus procesos y productos más sanos.
El asunto del calentamiento global, bien documentado, la desforestación, la carencia del agua potable, destrucción de los ecosistemas, extinción de especies animales y vegetales, con ya consciencia de los daños, tal vez en pesquisas para encontrar los culpables mayoritarios, sin corregir los propios actos de agresión a la tierra, un caso groso para políticas mundiales contundentes correctivas, no sólo concientizar la gravedad, sino que se tomen los recursos científicos, las herramientas indispensables y los recursos requeridos para una lucha larga , tenaz de la política internacional.
Es asunto pastoral es tal su profundidad que se involucra al Iglesia como defensora de nuestra aterida tierra por las implicaciones sociales. Los variados temas, verdades religiosas, orientación evangélica, en las implicaciones sociales, familiares en forma implícita del análisis, necesitan de las acciones en nuestra vida relacional, cotidiana. Con esta Encíclica el Vicario de Cristo fija su posición con sinceridad fraterna. A estos problemas ecológicos sociales de repercusión mundial, sin que sea la primera porque muchas otras ya lo han hecho, desde RerumNovarum de León XIII en 1891, Pacem in Terris del Papa Juan XXIII, Mater et Magistra, son encíclicas que han marcado la historia del pensamiento social del tiempo y la postura de la Iglesia.
Algunas sugerencias de la Encíclica pudiéramos afirmar que son insuficientes, es mejor hacer algo, por diminuto que parezca, en vez de una actitud silente de cero acciones y dejar a otras instancias la solución, la concientización, incluidos los gobiernos. Si se activa la conciencia de gobiernos, instituciones y se dan acciones a favor de la Tierra, nuestra casa, estaríamos en camino a la solución. Las acciones organizadas, los apoyos de la población, las inversiones para revertir lo que daña, el mejor trato a las especies vivas, cuidados al reino mineral.
Gracias al Papa Francisco, nos pone en alerta de una posible catástrofe irreversible. Gracias al Pbro. José Lorenzo por su magistral presentación, a la Bióloga por su ejemplificación práctica a las inquietudes de la población y nuestro reconocimiento a Alfonso Rodríguez Aguilar por su inquietud y promoción de la presentación.
Vale más un grito a tiempo que millares de lamentaciones.
El Mensajero de Santo Tomás; Director-Editor: Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar; Número 2; Septiembre de 2015. Si gustas consultar la versión impresa en digital puedes pulsar en la siguiente dirección:
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