Por: Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Resumen preparado por Mons. Eugenio Andrés Lira
Rugarcía, Secretario General de la CEM. En esta su primera Exhortación
Apostólica, el Papa Francisco, fundamentándose en la Palabra de Dios y
considerando el magisterio pontificio y de los episcopados del mundo
-particularmente el documento Aparecida-, así como la XIII Asamblea General
Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, nos
muestra la continuidad de la fe y nos invita a ser audaces discípulos
misioneros de Cristo, compartiendo a todos el gozo del Evangelio.
Introducción
"La
alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se
encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por El son liberados del pecado,
de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre
nace y renace la alegría" (n. 1).
"El
gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo,
es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la
búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada... Ésa
no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para
nosotros... (n. 2). Ante esta triste realidad, "pido a cada cristiano que
renueve su encuentro personal con Jesucristo" (n. 3).
El
Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a
la alegría (cfr. Lc 1,28; 1,41; 1,47; Jn 3,29: Lc 10,21; Jn 15;11). Quien
"ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede
contener el deseo de comunicarlo a otros? (9) "Cuando la Iglesia convoca a
la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero
dinamismo de la realización personal... un evangelizador no debería tener cada
de funeral (n. 5) Cristo "ha traído consigo toda novedad" (san
Irineo, Adversus haereses, IV, c. 34,
n. 1). "El siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra
comunidad" (n. 6).
"La
evangelización convoca a todos y sea realiza fundamentalmente en tres ámbitos: la pastoral ordinaria, destinada a
encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y
a los que conservan una fe católica, aunque no participen frecuentemente del
culto: el ámbito de "las personas
bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo"; y quienes no conocen
a Jesucristo o siempre lo han rechazado (n. 12). Todos tienen el derecho de
recibir el Evangelio. "Los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya
"no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros
templos" y que hace falta pesar "de una pastoral de mera conservación
a una pastoral decididamente misionera" (Aparecida, 548).
Con
una actitud descentralizadora (16), el Papa, sin pretender remplazar a los
episcopados locales en el discernimiento de las problemáticas que se plantean
en sus territorios, ofrece orientaciones que puedan impulsar en toda la Iglesia
una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo (18):
a) La reforma de la Iglesia en salida
misionera.
b) Las tentaciones de los agentes pastorales.
c) La iglesia entendida como la totalidad del
Pueblo de Dios que evangeliza.
d) La homilía y su preparación.
e) La inclusión social de los pobres.
f) La
paz y el diálogo social.
g) Las motivaciones espirituales para la tarea
misionera.
CAPÍTULO
PRIMERO
LA
TRANSFORMACIÓN MISIONERA DE LA IGLESIA
La
evangelización obedece al mandato misionero de Jesús (cfr. Mt 28,19-20). La Iglesia en salida es la comunidad de
discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que
fructifican y festejan... «Primerear» es experiencia de la iniciativa del
Señor, que nos ha primereado en el amor (cfr. 1 Jn, 4,10), y como El, buscar a
los lejanos y excluidos, para brindar misericordia. Como consecuencia, la
Iglesia sabe «involucrarse», achica distancias, se abaja hasta la humillación
si es necesario... Luego, acompaña a la humanidad en todos sus procesos, pro
más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante
apostólico" (n. 24).
"Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las
costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial
se convierta en un cauce adecuado para la evangelización... La reforma de
estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este
sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras" (n. 27).
"La
parroquia... puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad
y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad... Esto supone que
realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo... La
parroquia es presencia eclesial en el territorio" (n. 28). "Las demás
instituciones eclesiales, comunidades de base y pequeñas comunidades,
movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el
Espíritu suscita para evangelizar... es muy sano que no pierdan el contacto con
esa realidad tan rica de la parroquia del lugar, y que se integren gustosamente
en la pastoral orgánica de la Iglesia particular. Esta integración evitará que
se queden sólo con una parte del Evangelio y de la Iglesia, o que se conviertan
en nómadas sin raíces" (n. 29).
"Cada Iglesia particular, porción de la
Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la
conversión misionera" (n. 30). El Obispo debe favorecer los mecanismos de
participación que propone el Código
de Derecho Canónico y otras,
"con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los
oídos" (n. 31).
"Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que
se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido
que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización...
El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara (Ut unum sint, 95). Hemos avanzado
poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la
Iglesia universal necesitan... conversión pastoral... por cuanto todavía no se
ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que
las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna
auténtica autoridad doctrinal... Una excesiva
centralización... complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.
"Invito a todos a ser audaces y creativos
en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los
métodos evangelizadores.... Lo importante es no caminar solos, contar siempre
con los hermanos y especialmente con la guía de los obispos, en un sabio y
realista discernimiento pastoral" (n. 33). "Una pastoral en clave
misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de
doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia. Cuando se asume un
objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin
excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo
más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario
(n. 35).
"Todas
las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la
misma fe, pero algunas de ellas son más importantes por expresar más
directamente el corazón del Evangelio. En este núcleo fundamental lo que
resplandece es la belleza del
amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado"
(n. 36). "Santo Tomás de Aquino enseñaba que en el mensaje moral de la
Iglesia también hay una jerarquía, en las virtudes y en los actos que de
ellas proceden. «En sí misma la misericordia es la más
grande de las virtudes, ya que a ella pertenece volcarse en otros y, más aún,
socorrer sus deficiencias (Summa
Theologiae II-II, q. 30, art. 4. Cf. ibíd. q 30, art. 4, ad 1)" (n.
37).
"No
hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio... Cuando la
predicación es fiel al Evangelio, se manifiesta con claridad la centralidad de
algunas verdades y queda claro que la predicación moral cristiana no es una
ética estoica... El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que
nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para
buscar el bien de todos..." (n. 39).
"En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a
reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio...
No tengamos miedo de revisarlas... hay normas o preceptos eclesiales que pueden
haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza
educativa. Santo Tomás de Aquino, citando a san Agustín, advertía que los
preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación"
(n. 43).
«La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar
disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la
violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores
psíquicos o sociales»
(Catecismo de la Iglesia católica, 1735). Por lo tanto, sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que
acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento. A
los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de
torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el
bien posible" (n. 44).
"Salir
hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el
mundo sin rumbo y sin sentido" (n. 46). "La Iglesia está llamada a
ser siempre la casa abierta del Padre... Todos pueden participar de alguna
manera en la vida eclesial... La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de
la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso
remedio y un alimento para los débiles...
La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno
con su vida a cuestas" (n. 47).
"Salgamos, salgamos a ofrecer a
todos la vida de Jesucristo... Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar
nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz
y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los
contenga, sin un horizonte de sentido y de vida" (n. 49).
CAPÍTULO SEGUNDO
EN LA CRISIS DEL COMPROMISO COMUNITARIO
"
La humanidad vive en este momento un giro histórico... Son de alabar los
avances que contribuyen al bienestar de la gente... Sin embargo, la mayoría de
los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente. El miedo y la
desesperación, incluso en los llamados países ricos. La falta de respeto y la
violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente" (nn. 51-52).
"Hoy
tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Se
considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar
y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte». Con la exclusión
queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se
vive" (n. 53).
"Una de las
causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con
el dinero... La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su
origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del
ser humano!" (nn. 54-55).
"Tras
esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios (n. 57). "Una reforma financiera que no ignore la
ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes
políticos ¡El dinero debe servir y no gobernar! Os exhorto a la solidaridad
desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor
del ser humano" (n. 58).
"Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se
reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los
distintos pueblos será imposible erradicar la violencia... no habrá programas
políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar
indefinidamente la tranquilidad. Es el mal cristalizado en estructuras sociales
injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor" (n. 59).
" Una cultura, en la cual
cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil
que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios
y deseos personales" (n. 61). "En la cultura predominante, el primer
lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo
superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos
países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces
culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas,
económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas" (N. 62).
"La fe católica de muchos
pueblos se enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de nuevos
movimientos religiosos (que)... vienen a llenar, dentro del individualismo
imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Además... si parte
de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe
también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en
algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática... En
muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así
como una sacramentalización sin otras formas de evangelización" (n. 63).
"El
proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo
privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una
creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal
y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una
desorientación generalizada... Por consiguiente, se vuelve necesaria una
educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de
maduración en valores" (n. 64).
"A
pesar de toda la corriente secularista que invade las sociedades, en muchos
países —aun donde el cristianismo es minoría— la Iglesia católica es una
institución creíble ante la opinión pública, confiable en lo que respecta al
ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados". Ha
servido de mediadora en la solución de conflictos, en la defensa de la vida, de
los derechos humanos y ciudadanos, etc. ¡Y cuánto aportan las escuelas y
universidades católicas en todo el mundo!" (n. 65).
"La
familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y
vínculos sociales" (n. 66). El individualismo posmoderno y globalizado
favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los
vínculos entre las personas... Por otra parte... se manifiesta una sed de participación
de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y
cultural" (n. 67).
"Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas
para inculturar el Evangelio... En el caso de las culturas populares de pueblos
católicos, podemos reconocer algunas debilidades que todavía deben ser sanadas
por el Evangelio: el machismo, el alcoholismo, la violencia doméstica, una
escasa participación en la Eucaristía, creencias fatalistas o supersticiosas
que hacen recurrir a la brujería, etc. Pero es precisamente la piedad popular
el mejor punto de partida para sanarlas y liberarlas" (n. 69).
"Necesitamos reconocer la
ciudad desde una mirada contemplativa, esto es, una mirada de fe que descubra
al Dios que habita en sus hogares, en sus calles (que), acompaña las búsquedas
sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus
vidas. Él vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad,
el deseo de bien, de verdad, de justicia" (n. 71). "Es necesario
llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas... No hay que
olvidar que la ciudad es un ámbito multicultural... La Iglesia está llamada a
ser servidora de un difícil diálogo" (n. 74).
"En las ciudades fácilmente se
desarrollan el tráfico de drogas y de personas, el abuso y la explotación de
menores, el abandono de ancianos y enfermos, varias formas de corrupción y de
crimen... Las casas y los barrios se construyen más para aislar y proteger que
para conectar e integrar. La proclamación del Evangelio será una base para
restaurar la dignidad de la vida humana en esos contextos... un programa y un
estilo uniforme e inflexible de evangelización no son aptos para esta realidad"
(n. 75).
"El aporte de la Iglesia en el
mundo actual es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de
algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar
cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente" (n. 76).
"Como hijos de esta época,
todos nos vemos afectados de algún modo por la cultura globalizada actual que,
sin dejar de mostrarnos valores y nuevas posibilidades, también puede
limitarnos, condicionarnos e incluso enfermarnos... necesitamos crear espacios
motivadores y sanadores para los agentes pastorales" (n. 77).
"Hoy se puede advertir en
muchos agentes pastorales, incluso en personas consagradas, una preocupación
exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva
a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida... la vida espiritual se
confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no
alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión
evangelizadora. Son tres males que se alimentan entre sí" (n. 78).
"La
cultura mediática y algunos ambientes intelectuales a veces transmiten una
marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia y un cierto desencanto.
Como consecuencia, aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una
especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su
identidad cristiana... Terminan ahogando su alegría misionera" (n. 79).
"¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!" (n. 80).
"Una
de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la
conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados
con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía
plenamente en el triunfo... Aun con la dolorosa conciencia de las propias
fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo
que el Señor dijo a san Pablo: «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se
manifiesta en la debilidad» (2 Co 12,9).
El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es
bandera de victoria" (n. 85). "¡No nos dejemos robar la esperanza!"
(n. 86).
"Hoy, que
las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado
desarrollos inauditos, sentimos el desafío... de apoyarnos... De este modo, las
mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de
encuentro y de solidaridad entre todos" (n. 87). "El ideal cristiano
siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza... las actitudes
defensivas... el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro
con el... otro... el Hijo de Dios hecho
carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del
servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en
su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura" (n. 88).
"Un
desafío importante es mostrar que la solución nunca consistirá en escapar de
una relación personal y comprometida con Dios que al mismo tiempo nos comprometa
con los otros" (n. 91). "La mundanidad espiritual... es buscar, en
lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal"
(n. 93). "Esta mundanidad puede alimentarse especialmente es la
fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en el subjetivismo, de quienes en
el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros
por cumplir determinadas normas" (n. 94).
" En
algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio
de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción
en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia... En
otros, la misma mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por
mostrar conquistas sociales y políticas... en un embeleso por las dinámicas de
autoayuda... en una densa vida social... en un funcionalismo empresarial"
(n. 95). "¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas,
meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados!" (n. 96).
"Dentro
del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!... Algunos
dejan de vivir una pertenencia cordial a la Iglesia por alimentar un espíritu
de «internas»... A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero
pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva
atractivo y resplandeciente... ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos
en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! (nn. 98-99) ¡No nos dejemos
robar el ideal del amor fraterno!" (n. 101).
"Los
laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio
está la minoría de los ministros ordenados... En algunos casos... no se
formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar
espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de
un excesivo clericalismo... Si bien se percibe una mayor participación de
muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la
penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico.
Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales... La formación de laicos y
la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un
desafío pastoral importante" (n. 102).
"La
Iglesia reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad... todavía
es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en
la Iglesia... en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las
decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales"
(N. 103). "El sacerdocio reservado a los varones... no se pone en
discusión" (n. 104).
"Aunque
no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se creció en dos aspectos: la
conciencia de que toda la comunidad los evangeliza y educa, y la urgencia de
que ellos tengan un protagonismo mayor... son muchos los jóvenes que se
solidarizan ante los males del mundo.. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean
«callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza!"
(n. 106).
"En
muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada...
Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones
genuinas... a pesar de la escasez vocacional, hoy se tiene más clara conciencia
de la necesidad de una mejor selección de los candidatos al sacerdocio"
(n. 107).
"Es
conveniente escuchar a los jóvenes y a los ancianos. Ambos son la esperanza de
los pueblos" (n. 108). "Los desafíos están para superarlos. Seamos
realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No
nos dejemos robar la fuerza misionera!" (n. 109).
CAPÍTULO
TERCERO
EL ANUNCIO
DEL EVANGELIO
"La
salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia. Esta salvación, que
realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia, es para todos. Ser Iglesia es
ser Pueblo de Dios... ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el
mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida
buena del Evangelio" (nn. 112-114).
"Este
Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales
tiene su cultura propia.... el cristianismo no tiene un único modo cultural,
sino que, «permaneciendo plenamente uno mismo,
en total fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará
consigo también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido
acogido y arraigado» (Novo Millennio
ineunte, 40). No podemos
pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe
cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un
determinado momento de la historia, porque la fe no puede encerrarse dentro de
los confines de la comprensión y de la expresión de una cultura" (nn. 115-118).
"En virtud del Bautismo
recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo
misionero (cf. Mt 28,19)... no necesita mucho tiempo de preparación
para salir a anunciarlo... miremos a los primeros discípulos, quienes
inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo
gozosos (Jn 1,41)... ¿A qué esperamos nosotros?" (nn. 119-120). Por supuesto que todos... estamos llamados a
crecer como evangelizadores. Procuramos una mejor formación... todos tenemos
que dejar que los demás nos evangelicen constantemente" (n. 121).
"En
la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en
una cultura y se sigue transmitiendo... las expresiones de la piedad popular
tienen mucho que enseñarnos.... son un lugar
teológico al que
debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva
evangelización" (nn. 123-126).
"Hoy
que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de
predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el
Evangelio a las personas que cada uno trata" (nn. 127-129).
"El
anuncio a la cultura implica también un anuncio a las culturas profesionales,
científicas y académicas. Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las
ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una
original apologética que ayude a
crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos" (n.
132). "Las Universidades son un ámbito privilegiado para pensar y
desarrollar este empeño evangelizador de un modo interdisciplinario e
integrador. Las escuelas católicas, que intentan siempre conjugar la tarea
educativa con el anuncio explícito del Evangelio, constituyen un aporte muy
valioso a la evangelización de la cultura" (n. 134).
"La
homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de
encuentro de un Pastor con su pueblo... puede ser realmente una intensa y feliz
experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente
constante de renovación y de crecimiento (n. 135). "La
preparación de la predicación es una tarea tan importante que conviene
dedicarle un tiempo prolongado de estudio, oración, reflexión y creatividad
pastoral" (n. 145).
"Hay una forma concreta de
escuchar lo que el Señor nos quiere decir en su Palabra y de dejarnos
transformar por el Espíritu. Es lo que llamamos «lectio divina» (n.
152).
La
evangelización también busca el crecimiento, que implica tomarse muy en serio a
cada persona y el proyecto que Dios tiene sobre ella. La educación y la catequesis están al
servicio de este crecimiento. El evangelizador requiere ciertas actitudes que
ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia,
acogida cordial que no condena (nn. 160-165). "La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía,
alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un
auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana" (n. 174).
CAPÍTULO
CUARTO
LA
DIMENSIÓN SOCIAL DE LA EVANGELIZACIÓN
"La
tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser
humano" (n. 182). "Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos
la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la
vida social y nacional... Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de
cambiar el mundo... Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y
amamos a la humanidad que lo habita... La tierra es nuestra casa común y todos
somos hermanos. Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a
preocuparse por la construcción de un mundo mejor" (nn. 183-184). "Cada cristiano y cada comunidad están llamados
a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de
manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad" (n. 187).
"Puesto
que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero
expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta
de atención espiritual... La opción preferencial por los pobres debe traducirse
principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria... nadie
puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia
social... Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres renunciando
a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y
atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los
problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de
los males sociales " (nn. 200-202).
"La
dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían
estructurar toda política económica" (n. 203). "El crecimiento en
equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere
decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una
mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción
integral de los pobres que supere el mero asistencialismo" (n. 204).
"¡Pido
a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico
diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la
apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una
altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque
busca el bien común... ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes
les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso
que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus
perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la
salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire
sus planes?... a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una
nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía
absoluta entre la economía y el bien común social" (n. 205).
"Jesús,
el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica
especialmente con los más pequeños (cf. Mt 25,40).
Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar a los más
frágiles de la tierra: los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados,
los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes"
(nn. 209-210), quienes son objeto de las diversas formas de trata de personas. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para
todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y
muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y
muda (n. 211).
"Doblemente
pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y
violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de
defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos
constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y
el cuidado de la fragilidad de sus familias" (n. 212).
"Entre
esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los
niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy
se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se
quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda
impedirlo... La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de
cualquier vida humana... No es progresista pretender resolver los problemas
eliminando una vida humana" (n. 213).
"Hay
otros seres frágiles e indefensos, que muchas veces quedan a merced de los
intereses económicos o de un uso indiscriminado. Me refiero al conjunto de la
creación. Los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las
demás criaturas" (n. 215).
Cuatro
principios para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior
al espacio. Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por
resultados inmediatos... Se trata de privilegiar las acciones que generan
dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las
desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos
históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad (nn.
222-223).
El
conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si
quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la
realidad misma queda fragmentada... la manera más adecuada, de situarse ante el
conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el
eslabón de un nuevo proceso. 228. De este modo, se hace posible desarrollar una
comunión en las diferencias: la unidad es superior al conflicto (nn. 226-228).
"Existe
también una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad
simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo
constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad (n. 231).
Entre la globalización y la localización también se produce una tensión. El
todo es más que la parte. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos
(nn. 234-235).
La
evangelización también implica un camino de diálogo. Para la Iglesia, en este
tiempo hay particularmente tres campos de diálogo en los cuales debe estar
presente, para cumplir un servicio a favor del pleno desarrollo del ser humano
y procurar el bien común: el diálogo con los Estados, con la sociedad —que
incluye el diálogo con las culturas y con las ciencias— y con otros creyentes
que no forman parte de la Iglesia católica. En todos los casos la Iglesia habla
desde la luz que le ofrece la fe y aporta su
experiencia de dos mil años y conserva siempre en la memoria las vidas y
sufrimientos de los seres humanos (n. 238). Todo para proclamar «el evangelio
de la paz» (Ef 6,15) (n.
239).
CAPÍTULO
QUINTO
EVANGELIZADORES
CON ESPÍRITU
"Evangelizadores
con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción
del Espíritu Santo... que oran y trabajan (n. 259). La primera motivación para evangelizar es el
amor de Jesús que hemos recibido... Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo... El verdadero misionero
sabe que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él. Unidos a
Jesús, buscamos lo que El busca, amamos lo que El ama. En definitiva, lo que
buscamos es la gloria del Padre (nn. 264-267).
Imitando
a Jesús deseamos integrarnos a fondo en la sociedad entrar en contacto con la
existencia concreta de los otros con la fuerza de la ternura. Sólo puede ser
misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la
felicidad de los otros. La misión en el corazón del pueblo no es una parte de
mi vida... Yo soy una
misión... cada persona es digna de nuestra entrega... porque es obra de
Dios, criatura suya (nn. 271-274).
Para
mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el
Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26). y procurar la intercesión (nn. 280-281).
"En
la cruz Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Ella es la misionera
que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida... Como una verdadera
madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente
la cercanía del amor de Dios... Como a San Juan Diego, María... dice al oído:
«No se turbe tu corazón... ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?» (Nican Mopohua, 118, 119). (nn.
285-286).
"A
la madre del Evangelio viviente le pedimos que interceda para que esta
invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad
eclesial " (nn. 288). "Hay un estilo mariano en la actividad
evangelizadora de la Iglesia... lo revolucionario de la ternura y del cariño.
En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino
de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.
Est también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su
corazón» (Lc 2,19).
"María
sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos
y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio
de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de
todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora
de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin
demora» (Lc 1,39). (n.
288).
Puedes consultar la versión impresa en pdf en la siguiente dirección: https://issuu.com/hectoralfonsorodriguezaguilar/docs/10_curvas



