Oscar Arnulfo Romero
y Galdámez
Por Pbro. Ismael
Rosales Martínez
Nació en Ciudad
Barrios, San Salvador el 15 d agosto de 1917 y murió asesinado por su
compromiso con los pobres, el 24 de marzo de 1980. Contaba apenas con 63 años
de edad cuando murió.
Trazar
un recorrido por la vida de Oscar Arnulfo Romero supone adentrarse en uno de
los períodos más convulsos de la historia de su país, El Salvador, y de toda
América Latina. En los años en los que Monseñor Romero desarrolló de manera más
intensa su actividad religiosa entre 1966 y 1980 durante los 14 años, el
incremento de movimientos comunistas de campesinos en toda Latinoamérica que se
vio favorecido sin duda por el ejemplo de la revolución cubana del 59, teniendo
como a uno de los principales protagonistas al Che Guevara, de la Serna, quien
murió también asesinado en Bolivia desde donde pretendía desatar toda una
revolución liberadora en Latinoamérica. En Cuba también tuvo un papel
protagónico el P. Camilo Torres Cienfuegos.
Esto
por una parte, y por otra el compromiso de un sector importante d la Iglesia
Católica con los más pobres, iniciado en el Concilio Vaticano II y ratificado
en la Conferencia de Obispos Latinoamericanos de Medellín de 1968, chocaron de
lleno con unos gobiernos opresores, surgidos a menudo de golpes de estado y
apoyados en buena medida por Estados Unidos, cuyos intereses en la zona eran
mucho más económicos que humanitarios.
Oscar
Arnulfo Romero, más conocido por su pueblo como Monseñor Romero, fue un
sacerdote católico salvadoreño y el cuarto arzobispo metropolitano de San
Salvador (1977-1980), célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos
y por haber muerto asesinado durante la celebración de la misa.
Como
arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los
derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de
la violencia política de su país. Su asesinato provocó la protesta
internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador.
Dentro de la iglesia católica se lo consideró un obispo que defendía la
"opción preferencial por los pobres". En una de sus homilías,
monseñor Romero afirmó: "La misión de la iglesia es identificarse con los
pobres, así la iglesia encuentra su salvación" (11 de noviembre de 1977).
El
24 de marzo de 1990 se dio inicio a la causa de canonización de Monseñor
Romero. En 1994 se presentó formalmente la solicitud para su canonización a su
sucesor Arturo Rivera y Damas. A partir de este proceso monseñor Romero ha
recibido el título de Siervo de Dios. El 3 de febrero de 2015 fue reconocido
como mártir "por odio a la fe" por parte de la iglesia católica, al
ser aprobado por el papa Francisco el decreto de martirio correspondiente y
promulgación por la Congregación para las Causas de los Santos. En América
Latina algunos se refieren a él como San Romero de América. Fuera de la iglesia
católica, es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad,
incluyendo a la Comunión anglicana la cual lo ha incluido en su santoral. Es
uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la
abadía de Westminster, en Londres, y fue nominado al Premio Nobel de la Paz en
1979.
Infancia y juventud
Oscar
Romero era el segundo de 8 hermanos, hijos del matrimonio formado por el telegrafista
y empleado de correos, Santos Romero y Guadalupe Galdámez. Fue bautizado el 11
de mayo de 1919, en la iglesia parroquial de su ciudad natal. Desde niño tuvo
una salud y muy frágil. En la escuela pública donde estudió, destacó en
materias humanísticas más que en matemáticas.
Carrera eclesial
En
1930, a la edad de 13 años, ingresó al seminario menor de la ciudad de San
Miguel, que era dirigido por sacerdotes claretianos. Posteriormente en 1937
ingresó en el Seminario de San José de la Montaña de San Salvador. Ese mismo
año, viajó a Roma donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia
Universidad Gregoriana. Vivió en el colegio Pío Latinoamericano, casa que
alberga a estudiantes de Latinoamérica, hasta que llegó a ser ordenado sacerdote
el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años. En Roma fue alumno de monseñor
Giovanni Batista Montini, futuro papa Pablo VI.
Regresó
a El Salvador en 1943, siendo nombrado párroco de la ciudad de Anamorós en La
Unión; después fue enviado a la ciudad de San Miguel donde sirvió como párroco
en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y como secretario del Obispo
diocesano monseñor Miguel Ángel Machado.
Posteriormente
fue nombrado secretario de la conferencia Episcopal de El Salvador en 1968. El
21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de San
Salvador, recibiendo la consagración episcopal el 21 de junio de 1970, de manos
del nuncio apostólico Girolamo Prigrione. El 15 de octubre de 1974 fue nombrado
obispo de la diócesis de Santiago de María en el departamento de Usulután. Ocupó
esa sede durante dos años. El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el papa
Pablo VI como arzobispo de San Salvador, para suceder a monseñor Luis Chávez y
González.
Muchos
sacerdotes y laicos de la arquidiócesis sintieron extrañeza ante su
nombramiento, pues preferían para el cargo a Mons. Arturo Rivera y Damas,
obispo auxiliar de Mons. Chávez. Algunos consideraron a Romero como el
candidato de los sectores conservadores que deseaban contener a los sectores de
la iglesia arquidiocesana que defendían la "opción preferencial por los
pobres", conocidos como clero medellinista, en alusión a los documentos de
Medellín Colombia, que fueron la adaptación del Concilio Vaticano II a la
realidad de la iglesia latinoamericana.
Arzobispado
1977
El
10 de febrero de 1977, en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa
Gráfica, el arzobispo designado afirmó que:
El
gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social
como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión
en la política del bien común.
El
20 de febrero, mientras la arquidiócesis se preparaba para la toma de posesión
del nuevo arzobispo, el país celebraba elecciones presidenciales. Luego de los
comicios, el 26 de febrero, el Consejo Central de Elecciones declaró vencedor
al general Carlos Humberto Romero, candidato del Partido de Conciliación
Nacional, en el poder desde 1962. Las fuerzas opositoras denunciaron un fraude
electoral de grandes proporciones y convocaron a una concentración popular en
la Plaza Libertad de San Salvador. El 28 de febrero las fuerzas de seguridad
gubernamentales disolvieron violentamente esta concentración popular, con un
saldo de decenas de muertos y desaparecidos.
Durante
la semana anterior a la toma de posesión de Mons. Romero como arzobispo, el
gobierno del presidente Arturo Armando Molina arrestó y expulsó del territorio
salvadoreño a los sacerdotes Bernard Survill (norteamericano y Wilibrord Denaux
(belga), miembros del clero arquidiocesano. Tres semanas antes, a finales de
enero, había sido arrestado y expulsado del país el sacerdote colombiano Mario
Bernal.
El
22 de febrero, Mons. Romero tomó posesión del cargo de Arzobispo de San
Salvador en una ceremonia sencilla celebrada en la capilla del seminario Mayor
de San José de la Montaña, a la que asistieron el nuncio apostólico Mons.
Emanuele Gerada y los demás obispos de El Salvador. Ese mismo día, el gobierno
anunció que varios religiosos que se hallaban fuera del país entre ellos el
español Benigno Fernández S. J., y el nicaragüense Juan Ramón Vega Mantilla, no
debían regresar.
El
5 de marzo, durante una asamblea especial de los obispos, se eligió a Mons.
Romero como vicepresidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador y se preparó
un comunicado para denunciar la persecución de la iglesia en el país.
El
12 de marzo de 1977, el P. Rutilio Grande, S. J., amigo íntimo de Mons. Romero,
fue asesinado en la ciudad de Aguilares junto a dos campesinos. El Padre Grande
llevaba cuatro años al frente de la parroquia de Aguilares, donde había
promovido la creación de comunidades cristianas de base y la organización de
los campesinos de la zona. El propio presidente de la República informó a Mons.
Romero sobre la muerte de Grande, prometiendo una investigación sobre los
hechos. el arzobispo reaccionó a este asesinato convocando a una misa única,
para mostrar la unidad de su clero. Esta misa se celebró el 20 d marzo en la
plaza Barrios de San Salvador, a pesar de la oposición del nuncio apostólico y
de otros obispos.
1978-1979 Oscar
Romero
En
estas fechas, cambió su predicación y pasó a defender los derechos de los
desprotegidos. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra
los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas
las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión
militar que vivía el país. En sus homilías posteriores a la muerte de Rutilio
Grande, recurrió sin temor a los textos de la Conferencia de Medellín, y pidió
una mayor justicia en la sociedad. Durante los tres años siguientes, sus
homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia
tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló
especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de
la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de
seguridad. En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el
derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.
Muerte
En
octubre de 1979, Romero recibió con cierta esperanza las promesas de la nueva
administración de la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero con el transcurso
de las semanas, volvió a denunciar nuevos hechos de represión realizados por
los cuerpos de seguridad. El 2 de febrero de 1980, la Universidad Católica de
Lovaina distinguió a romero con el doctorado honoris causa como reconocimiento en su lucha en defensa de los
derechos humanos. En ocasión de recibir ese título honorífico, Romero pronunció
un discurso considerado como su testamento profético.
(...)
Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente
por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros
siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen
entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de
sandalias, los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que
aplastan a los pobres: los que hacen que se acerque un reino de violencia,
acostados en camas de marfil; los que junta casa con casa y anexionan campo a
campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. (...)
Es
pues, un hecho claro que nuestra iglesia ha sido perseguida en los tres últimos
años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha
perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha
perseguido y atacado aquella parte de la iglesia que se ha puesto del lado del
pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave
para comprender la persecución a la iglesia: los pobres. De nuevo son los
pobres los que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. y por ello la
iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido
ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el
destino de los pobres. (...).
El
mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas,
nos enseña dónde debe encarnarse la iglesia para evitar la falta
universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo
de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca
ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la
inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia
histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor
cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las
mayorías y no debe rehuir a la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña
que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de
los beneficios de gobiernos o de la misma iglesia, sino actores y protagonistas
ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última
de falsos paternalismos aún eclesiales. Y también el mundo real de los pobres
nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana.
Oscar Romero
El
domingo de Ramos de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la
catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía
titulada "La iglesia un servicio de liberación personal, comunitaria,
trascendente", que más tarde se conoció como Homilía de fuego.
“Yo
quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército.
Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los
cuarteles...Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus hermanos
campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley
de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer
una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene qué cumplirla. Ya
es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia
que a la orden del pecado. La iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la
Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse calada
ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada
sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en
nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más
tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la
represión”.
Oscar Romero
El
día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la
capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San
Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos
antes de la Sagrada Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad. Sus
restos mortales descansan en la cripta de la Catedral Metropolitana d San
Salvador. En 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado por los Acuerdos
de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes más graves cometidos en la
guerra civil salvadoreña, concluyó que el asesinato de monseñor Oscar Romero
había sido ejecutado por un francotirador. En 2004, una corte de loe Estados
Unidos declaró civilmente responsable del crimen al Capitán Saravia. El 6 de
noviembre de 2009, el gobierno salvadoreño presidido por Mauricio Funes decidió
investigar el asesinato de romero para acatar un mandato de la Comisión
Interamericana de derechos Humanos del año 2000.
Treinta
y un años después del asesinato, se conoció el nombre del asesino de Romero:
fue Marino Samayor Acosta, un subsargento de la sección II de la extinta
Guardia Nacional, y miembro del equipo de seguridad del ex presidente de la
República, quien manifestó que la orden para cometer el crimen la recibió del
mayor Roberto d´Aubuisson, creador de los escuadrones de la muerte y fundador
de ARENA, y del coronel Arturo Armando Molina. Marino Samayor Acosta habría
recibido 114 dólares por realizar esa acción.
Los
restos del arzobispo se encuentran en la cripta de la Catedral Metropolitana de
San Salvador, justo debajo del altar mayor del templo y dentro de un mausoleo
que ostenta su nombre. El monumento fúnebre es una estructura de bronce que
representa al cuerpo de Romero rodeado de cuatro ángeles que simbolizan los
cuatro evangelios. Fue donado por la comunidad de Sant´ Egidio cuyo consejo
eclesiástico es monseñor Vincenzo Paglia, postulador oficial de la causa de
beatificación y fue elaborado por el artista italiano Paolo Borghi. La cripta
ha sido visitada por reconocidas personalidades entre las que se encuentran
Juan Pablo II, Barack Obama y Ban Ki-,moon, este último no sé quién haya sido.
Proceso de
canonización
Termino
solamente diciendo que el 24 de marzo d 1990, se dio inicio a la canonización
de Mons. Romero y se designó al Pbro. Rafael Urrutia como postulador de la
causa. Después de 35 años apenas fue declarado Beato mártir monseñor Oscar
Arnulfo Romero, y continúa su proceso de canonización.
Conclusión
Que
nuestros distintos compromisos cristianaos en nuestras respectivas comunidades
sean iluminados por el gran testimonio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien
llevó su compromiso hasta las últimas consecuencias, tal y como de ser el de
todo cristiano que quiera constituirse como fiel seguidor de Jesucristo, el
enviado del Padre Dios para salvarnos a todos, construyendo un mundo de
justicia donde los verdaderos pobres sean los sujetos activos y primeros
beneficiarios. Así como podremos terminar diciendo finalmente: San Romero de
América, ruega por nosotros. Que así sea para todos.
Puedes consultar el ejemplar digital de pdf dar un click al vínculo:
EL MENSAJERO DE SANTO TOMÁS, AGOSTO 2015, NÚMERO 1. FUNDACIÓN SANTO TOMÁS DE AQUINO, AC. PÁGINA 4, DIRECTOR-EDITOR HÉCTOR ALFONSO RODRÍGUEZ AGUILAR.

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