miércoles, 18 de noviembre de 2015

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: TOMÁS DE AQUINO. EL SANTO, EL MAESTRO. DE ABELARDO LOBATO Y SANTIAGO RAMÍREZ

                                             


                                                         Por: Dr. Manuel Ocampo Ponce

Muy queridos hermanos en Cristo:

Me siento muy honrado presentar esta obra sobre este gran personaje de la historia, que tanto por su sabiduría como por su santidad ha sido llamado “el sol del mundo”. Como bien lo afirma su autor, “Sin lugar a duda, el más santo entre los sabios y el más sabio entre los santos”. Santo Tomás de Aquino en la obra de dos grandes pensadores de la orden de predicadores: El R.P. y Dr. Dn. Abelardo Lobato O.P. y el R.P. y Dr. Dn. Santiago Ramirez O.P.

Dios me ha concedido la dicha y el honor de compartir grandes momentos y conocimientos con el hoy finado autor de este libro, el RP Padre Lobato. Le recuerdo con cariño como un hombre alegre, incansable, siempre sonriente y muy entusiasta en promover todo aquello que se relacionara con Santo Tomás de Aquino y por ende con la Verdad. Y desde luego la importante obra de el P. Santiago Ramirez quien, al igual que el P. Lobato, fuera profesor de grandes personalidades.

Como lo dice el P. Lobato, no es fácil reconstruir una versión exacta de la personalidad y de la vida de Santo Tomás porque él mismo dio este consejo a sus discípulos: “no des importancia a quien dice las cosas, sino a lo que dice”. De ahí que la única biografía originaria sobre Santo Tomás sea la de Guillermo de Tocco, quien por breve tiempo fue oyente de Santo Tomás en las aulas y al cabo de cuarenta años fue activo promotor de su causa.

En la obra que hoy presentamos se resalta que Santo Tomás se esfuerza, ante todo,  por ser y por hacerse santo. Él mismo describe el itinerario del cristiano como un movimiento de la creatura racional que se dirige a Dios.

El camino a la santidad de Santo Tomás parte de la familia pero podemos encontrar en él tres familias: la de los condes de Aquino, la de los monjes benedictinos y la de los frailes dominicos. El hombre es, ante todo, un ser familiar ya que la familia tiene dos funciones vitales, la de engendrar los hijos en el amor y la de promoverlos en el camino de la virtud. Dos úteros, el materno y el espiritual.

Con lenguaje claro y una excelente selección de ideas este libro señala que su historia se sitúa hacia el siglo XIII d.C. más o menos por 1225 en Roccasecca bajo el imperio de Federico II. En su familia son ocho hermanos y la infancia de los primeros cinco años de su vida los pasa en el afecto materno y dentro de los muros del castillo de Roccasecca.  Su segundo período muy conflictivo se ubica en su juventud entre 1243 y 1245 d.C. y en el que ha optado por ser dominico, se encuentra preso en los castillos de San Giovanni Campano y en Roccasecca.  En este período, Santo Tomás se enfrenta al conflicto de obediencia entre lo que informan sus padres y superiores y su vocación religiosa. El tercer período es el de madurez, cuando vuelve a Nápoles y dedica unas horas al encuentro familiar.

Aunque su convivencia familiar fue muy escasa, la herencia familiar que Santo Tomás recibe de su familia es grande y se caracteriza por la nobleza de vida que le distinguirá toda la vida.

De los cinco años a los catorce años pasa en la Abadía de Montecasino con los monjes benedictinos a quienes su padre paga para la formación de su hijo y con la mira de que un día Tomás pudiera ser abad del monasterio más poderoso de Occidente, con lo que su familia obtendría un alto prestigio y una protección segura. En realidad Santo Tomás se formó como estudiante y como oblato benedictino, se le hizo familiar la lectura de la Biblia, el rezo de los salmos, el culto litúrgico solemne, la vida en común. En contraste con el mundo de las armas, en el que vivían su padre y sus hermanos, él entró por la puerta grande de las letras, siguiendo las llamadas artes liberales, el Trivium y el Quadrivium.

En la convivencia fraterna se manifiesta amante del silencio, de la reflexión y de la oración. Con los predicadores asimila el carisma de los dominicos centrado en la palabra de Dios, oída, contemplada, celebrada y anunciada al pueblo: Hablar con Dios y hablar de Dios.

Definitivamente, Santo Tomás se manifiesta, desde su primera obra y la mayor en extensión que es Scriptum super Sententiis, como un enamorado del saber y de la auténtica sabiduría.

La claridad, la novedad en sus argumentos y sus conclusiones manifiestan el don recibido de Dios.

La capacidad de diálogo de Santo Tomás así como su brillantez, produjo que, en la Orden de Predicadores, se adoptara un programa de estudios que implicaba la Filosofía. Y también produjo que, de la prohibición vigente de no leer libros de los gentiles en las escuelas cristianas, se pasa al deber de conocerlos y de dialogar con ellos.

Entre las características de sus obras, destacan, la erudición, la madurez de pensamiento, la sabiduría, la claridad, la fidelidad a la verdad revelada y al magisterio de la Iglesia.
Santo Tomás integra en su itinerario, magisterio e itinerancia, iniciando su recorrido como maestro en la Universidad de París, en la primavera de 1256. En este periodo escribe las 28 Quaestiones Disputate De Veritate. Nada semejante en calidad se había visto en el pasado teológico.

De París pasa a Italia en donde enseña, predica y dirige un estudio en Roma. En este período escribe, entre otras cosas, la Summa contra Gentes en la que manifiesta su deseo de dialogar con todos los que buscan la verdad. Posteriormente pasa un período más largo en Orvieto cerca de la Corte Papal. El Papa Urbano IV le estima mucho y le encomienda la glosa de los evangelios a través de las sentencias de los Padres, o sea la Catena Aurea. Posteriormente el Oficio del Corpus, en el que, como afirma el P. Lobato, no ha podido encontrarse en el mundo quién exprese mejor la devoción a la Eucaristía. La tradición dice que es en Orvieto uno de los lugares donde Jesucristo habló a Tomás: “Has escrito bien de mí, Tomás ¿qué premio deseas. -Nada deseo sino a ti, Señor” (Tocco, Y 53).

Posteriormente escribe otras obras y se decide a escribir la Summa Theologiae. En ella puso alma y corazón,  y cabe señalar, que dispuso a hacer esta obra, breve pero al final dedicó la mejor parte y la mayor parte de su tiempo a escribirla, aunque lamentablemente al final, casi a punto de terminarla, la dejó sin terminar.

De 1268 a 1272 volvió a la cátedra de París. Finalmente Tomás se establece en Nápoles en 1272 en donde Regentea la cátedra de teología. Y cuando todo parecía marchar sobre ruedas, le llega la orden del Papa Gregorio X que lo convoca para que participe en el Concilio que se celebrará en el mes de mayo en Lyon, para tratar la unión con los griegos. Santo Tomás Acepta la invitación pero no podrá cumplirla.

A partir del 6 de diciembre de 1273, Tomás no vuelve a su escritorio, en la misa de San Nicolás le ocurrió algo extraño, probablemente místico y al mismo tiempo cerebral. Tomás ha quedado como fuera de sí. No se siente con fuerzas para proseguir su trabajo, se resiste y confiesa que no puede, que hay algo que se lo impide. “Reginaldo ¡no puedo! Ante lo que ya he visto, lo que he escrito me parece paja: mihi palea videtur. (Tocco, Y, 37,347). Esa palabra paja sólo Tomás puede entenderla porque su obra es inmensa más de 8 millones de palabras sólo en la Summa Theologiae. En extensión puede compararse con otras obras pero no en sabiduría, en cultura profunda. Nada hecho por el hombre tiene comparación a la obra de Santo Tomás.

Tras un golpe en la cabeza con un árbol de camino a Lyon, se indispuso, y refugió en la abadía cisterciense de Fossanova en donde presiente el final de su camino. Confiesa sus pecados, el martes 6 de marzo pide la extremaunción y pronunció estas palabras:
“Te recibo, precio de la redención de mi alma, y te acojo viático de mi peregrinación. Por tu amor yo he estudiado, he vigilado, he sufrido; yo te he predicado y te he enseñado; jamás he dicho nada contra ti, y si lo he hecho ha sido por ignorancia, y no quiero obstinarme en mi error; si he enseñado algo acerca de este sacramento o de los otros, lo someto al juicio de la santa Iglesia romana en cuya obediencia yo salgo ahora de esta vida”.

Al amanecer del miércoles 7 de marzo de 1274, con plena lucidez, sin aparente agonía, fray Tomás de Aquino entrega su alma a Dios a la edad de 49 años.

El Padre Lobato resalta que, Santo Tomás vivió a fondo su vocación de teólogo, del hombre llamado a hablar del misterio de Dios, que es el santo. La preferencia de Dios por la inteligencia del hombre, fascinó siempre a Santo Tomás.

Santo Tomás tuvo muy claro que el hombre es ante todo un proyecto de Dios y por ello hunde sus raíces en la eternidad. El plan de Dios en toda su obra se manifiesta en la humanidad de Cristo. El cristiano está llamado a conformarse con Cristo, movido por el Espíritu. Por eso Santo Tomás ha distinguido entre la gracia santificante, que se da a todos y las gracias llamadas gratis date (carismas), que se diferencian en los distintos sujetos, se realizan en los diversos modos de vida cristiana, y se desarrollan en los diversos estados y oficios. La santidad va con la gracia, que de suyo es participación en la vida de Dios (2 Pe 1,40). La santidad se dice en relación a la religión, y la religión con Dios, como parte de la justicia que nunca puede dar todo lo que ha recibido. Entre tantas cosas, Santo Tomás cuidó mucho el desarrollo de los dones en Teología, como auxiliares de las virtudes e inició la predilección de la teología dominicana por el tratado de los dones.

Si el destino del hombre es el de conformarse con Cristo, el Espíritu mueve al hombre al encuentro y a la amistad con Cristo, tomando en cuenta que la gracia no anula la naturaleza sino que la perfecciona.

Lamentablemente como afirma el P. Lobato, Tomás no dejó una grata memoria ni en sus discípulos ni a lo largo de los cincuenta años que siguieron a su muerte. Son pocos los discípulos capaces de recoger la herencia del maestro. De hecho no lo fueron sus bachilleres Annibaldo de Annibaldis, o Guillermo de Altona… Su opción aristotélica le creó enemigos no sólo fuera de la Orden sino también dentro, como Roberto Kilwardby en Oxford y más tarde Durando en París. Fue nefasta la oposición de la corriente agustiniana en Teología, que se unía a la averroísta en Filosofía.

Con su muerte cayeron sospechas de condenas doctrinales del obispo Esteban Tempier, las persecuciones contra sus discípulos, la aversión de los franciscanos capitaneada por juan Peckham, que llegó a iniciar un proceso, interrumpido a tiempo por la muerte del Papa Juan XXI. La Orden de Predicadores tardó en reconocer el tesoro doctrinal del maestro. Pero la luz brilla a pesar de todo y la estrella de Tomás volvió a resplandecer desde 1323 y sigue avanzando en el cielo de la Iglesia y de la santidad. Su canonización en 1323 por SS Juan XXII, la proclamación de Doctor de la Iglesia en 1657 por el Papa dominico San Pio V, y la promoción de su doctrina en la Iglesia por obra de Leon XIII en 1879.

Juan XXII decía que Tomás había hecho tantos milagros cuantos artículos había escrito.

Santo Tomás fue proclamado Patrono de todas las Escuelas Católicas, es apóstol de la inteligencia y en él se combina el cultivo de las tres sabidurías: filosófica, teológica y mística. El RP Abelardo Lobato termina esta importantísima y oportuna obra diciendo que la fuerza de su doctrina y la veneración de su santidad serán una ayuda preciosa para la situación espiritual empobrecida que vive ahora la humanidad.

Celebro la publicación de esta obra que recomiendo ampliamente y felicito muy sinceramente a los que la están promoviendo. Espero que todos la adquieran y la disfruten. Muchas gracias.

Manuel Ocampo Ponce.
Ciudad Guzmán, Jalisco
28 de septiembre de 2012.

EL MENSAJERO DE SANTO TOMÁS, AGOSTO 2015, NÚMERO 1.  FUNDACIÓN SANTO TOMÁS DE AQUINO, AC. PÁGINAS 1-2, DIRECTOR-EDITOR: HÉCTOR ALFONSO RODRÍGUEZ AGUILAR.

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