Por: Dr. Manuel Ocampo Ponce
Muy
queridos hermanos en Cristo:
Me
siento muy honrado presentar esta obra sobre este gran personaje de la
historia, que tanto por su sabiduría como por su santidad ha sido llamado “el
sol del mundo”. Como bien lo afirma su autor, “Sin lugar a duda, el más santo
entre los sabios y el más sabio entre los santos”. Santo Tomás de Aquino en la
obra de dos grandes pensadores de la orden de predicadores: El R.P. y Dr. Dn.
Abelardo Lobato O.P. y el R.P. y Dr. Dn. Santiago Ramirez O.P.
Dios
me ha concedido la dicha y el honor de compartir grandes momentos y
conocimientos con el hoy finado autor de este libro, el RP Padre Lobato. Le recuerdo
con cariño como un hombre alegre, incansable, siempre sonriente y muy
entusiasta en promover todo aquello que se relacionara con Santo Tomás de
Aquino y por ende con la Verdad. Y desde luego la importante obra de el P.
Santiago Ramirez quien, al igual que el P. Lobato, fuera profesor de grandes
personalidades.
Como
lo dice el P. Lobato, no es fácil reconstruir una versión exacta de la
personalidad y de la vida de Santo Tomás porque él mismo dio este consejo a sus
discípulos: “no des importancia a quien dice las cosas, sino a lo que dice”. De
ahí que la única biografía originaria sobre Santo Tomás sea la de Guillermo de
Tocco, quien por breve tiempo fue oyente de Santo Tomás en las aulas y al cabo
de cuarenta años fue activo promotor de su causa.
En
la obra que hoy presentamos se resalta que Santo Tomás se esfuerza, ante todo, por ser y por hacerse santo. Él mismo describe
el itinerario del cristiano como un movimiento de la creatura racional que se
dirige a Dios.
El
camino a la santidad de Santo Tomás parte de la familia pero podemos encontrar
en él tres familias: la de los condes de Aquino, la de los monjes benedictinos
y la de los frailes dominicos. El hombre es, ante todo, un ser familiar ya que
la familia tiene dos funciones vitales, la de engendrar los hijos en el amor y
la de promoverlos en el camino de la virtud. Dos úteros, el materno y el
espiritual.
Con
lenguaje claro y una excelente selección de ideas este libro señala que su
historia se sitúa hacia el siglo XIII d.C. más o menos por 1225 en Roccasecca
bajo el imperio de Federico II. En su familia son ocho hermanos y la infancia
de los primeros cinco años de su vida los pasa en el afecto materno y dentro de
los muros del castillo de Roccasecca. Su
segundo período muy conflictivo se ubica en su juventud entre 1243 y 1245 d.C. y
en el que ha optado por ser dominico, se encuentra preso en los castillos de
San Giovanni Campano y en Roccasecca. En
este período, Santo Tomás se enfrenta al conflicto de obediencia entre lo que
informan sus padres y superiores y su vocación religiosa. El tercer período es
el de madurez, cuando vuelve a Nápoles y dedica unas horas al encuentro
familiar.
Aunque
su convivencia familiar fue muy escasa, la herencia familiar que Santo Tomás
recibe de su familia es grande y se caracteriza por la nobleza de vida que le
distinguirá toda la vida.
De
los cinco años a los catorce años pasa en la Abadía de Montecasino con los
monjes benedictinos a quienes su padre paga para la formación de su hijo y con
la mira de que un día Tomás pudiera ser abad del monasterio más poderoso de
Occidente, con lo que su familia obtendría un alto prestigio y una protección
segura. En realidad Santo Tomás se formó como estudiante y como oblato
benedictino, se le hizo familiar la lectura de la Biblia, el rezo de los
salmos, el culto litúrgico solemne, la vida en común. En contraste con el mundo
de las armas, en el que vivían su padre y sus hermanos, él entró por la puerta
grande de las letras, siguiendo las llamadas artes liberales, el Trivium y el Quadrivium.
En
la convivencia fraterna se manifiesta amante del silencio, de la reflexión y de
la oración. Con los predicadores asimila el carisma de los dominicos centrado
en la palabra de Dios, oída, contemplada, celebrada y anunciada al pueblo:
Hablar con Dios y hablar de Dios.
Definitivamente,
Santo Tomás se manifiesta, desde su primera obra y la mayor en extensión que es
Scriptum super Sententiis, como un
enamorado del saber y de la auténtica sabiduría.
La
claridad, la novedad en sus argumentos y sus conclusiones manifiestan el don
recibido de Dios.
La
capacidad de diálogo de Santo Tomás así como su brillantez, produjo que, en la
Orden de Predicadores, se adoptara un programa de estudios que implicaba la Filosofía.
Y también produjo que, de la prohibición vigente de no leer libros de los
gentiles en las escuelas cristianas, se pasa al deber de conocerlos y de
dialogar con ellos.
Entre
las características de sus obras, destacan, la erudición, la madurez de
pensamiento, la sabiduría, la claridad, la fidelidad a la verdad revelada y al
magisterio de la Iglesia.
Santo
Tomás integra en su itinerario, magisterio e itinerancia, iniciando su
recorrido como maestro en la Universidad de París, en la primavera de 1256. En
este periodo escribe las 28 Quaestiones
Disputate De Veritate. Nada semejante en calidad se había visto en el
pasado teológico.
De
París pasa a Italia en donde enseña, predica y dirige un estudio en Roma. En
este período escribe, entre otras cosas, la Summa
contra Gentes en la que manifiesta su deseo de dialogar con todos los que
buscan la verdad. Posteriormente pasa un período más largo en Orvieto cerca de
la Corte Papal. El Papa Urbano IV le estima mucho y le encomienda la glosa de
los evangelios a través de las sentencias de los Padres, o sea la Catena Aurea. Posteriormente el Oficio
del Corpus, en el que, como afirma el P. Lobato, no ha podido encontrarse en el
mundo quién exprese mejor la devoción a la Eucaristía. La tradición dice que es
en Orvieto uno de los lugares donde Jesucristo habló a Tomás: “Has escrito bien
de mí, Tomás ¿qué premio deseas. -Nada deseo sino a ti, Señor” (Tocco, Y 53).
Posteriormente
escribe otras obras y se decide a escribir la Summa Theologiae. En ella
puso alma y corazón, y cabe señalar, que
dispuso a hacer esta obra, breve pero al final dedicó la mejor parte y la mayor
parte de su tiempo a escribirla, aunque lamentablemente al final, casi a punto
de terminarla, la dejó sin terminar.
De
1268 a 1272 volvió a la cátedra de París. Finalmente Tomás se establece en
Nápoles en 1272 en donde Regentea la cátedra de teología. Y cuando todo parecía
marchar sobre ruedas, le llega la orden del Papa Gregorio X que lo convoca para
que participe en el Concilio que se celebrará en el mes de mayo en Lyon, para
tratar la unión con los griegos. Santo Tomás Acepta la invitación pero no podrá
cumplirla.
A
partir del 6 de diciembre de 1273, Tomás no vuelve a su escritorio, en la misa
de San Nicolás le ocurrió algo extraño, probablemente místico y al mismo tiempo
cerebral. Tomás ha quedado como fuera de sí. No se siente con fuerzas para
proseguir su trabajo, se resiste y confiesa que no puede, que hay algo que se
lo impide. “Reginaldo ¡no puedo! Ante lo que ya he visto, lo que he escrito me
parece paja: mihi palea videtur. (Tocco, Y, 37,347). Esa palabra paja sólo
Tomás puede entenderla porque su obra es inmensa más de 8 millones de palabras
sólo en la Summa Theologiae. En
extensión puede compararse con otras obras pero no en sabiduría, en cultura
profunda. Nada hecho por el hombre tiene comparación a la obra de Santo Tomás.
Tras
un golpe en la cabeza con un árbol de camino a Lyon, se indispuso, y refugió en
la abadía cisterciense de Fossanova en donde presiente el final de su camino.
Confiesa sus pecados, el martes 6 de marzo pide la extremaunción y pronunció
estas palabras:
“Te
recibo, precio de la redención de mi alma, y te acojo viático de mi
peregrinación. Por tu amor yo he estudiado, he vigilado, he sufrido; yo te he
predicado y te he enseñado; jamás he dicho nada contra ti, y si lo he hecho ha
sido por ignorancia, y no quiero obstinarme en mi error; si he enseñado algo
acerca de este sacramento o de los otros, lo someto al juicio de la santa
Iglesia romana en cuya obediencia yo salgo ahora de esta vida”.
Al
amanecer del miércoles 7 de marzo de 1274, con plena lucidez, sin aparente
agonía, fray Tomás de Aquino entrega su alma a Dios a la edad de 49 años.
El
Padre Lobato resalta que, Santo Tomás vivió a fondo su vocación de teólogo, del
hombre llamado a hablar del misterio de Dios, que es el santo. La preferencia
de Dios por la inteligencia del hombre, fascinó siempre a Santo Tomás.
Santo
Tomás tuvo muy claro que el hombre es ante todo un proyecto de Dios y por ello
hunde sus raíces en la eternidad. El plan de Dios en toda su obra se manifiesta
en la humanidad de Cristo. El cristiano está llamado a conformarse con Cristo,
movido por el Espíritu. Por eso Santo Tomás ha distinguido entre la gracia
santificante, que se da a todos y las gracias llamadas gratis date (carismas), que se diferencian en los distintos
sujetos, se realizan en los diversos modos de vida cristiana, y se desarrollan
en los diversos estados y oficios. La santidad va con la gracia, que de suyo es
participación en la vida de Dios (2 Pe 1,40). La santidad se dice en relación a
la religión, y la religión con Dios, como parte de la justicia que nunca puede
dar todo lo que ha recibido. Entre tantas cosas, Santo Tomás cuidó mucho el
desarrollo de los dones en Teología, como auxiliares de las virtudes e inició
la predilección de la teología dominicana por el tratado de los dones.
Si
el destino del hombre es el de conformarse con Cristo, el Espíritu mueve al
hombre al encuentro y a la amistad con Cristo, tomando en cuenta que la gracia
no anula la naturaleza sino que la perfecciona.
Lamentablemente
como afirma el P. Lobato, Tomás no dejó una grata memoria ni en sus discípulos
ni a lo largo de los cincuenta años que siguieron a su muerte. Son pocos los
discípulos capaces de recoger la herencia del maestro. De hecho no lo fueron
sus bachilleres Annibaldo de Annibaldis, o Guillermo de Altona… Su opción
aristotélica le creó enemigos no sólo fuera de la Orden sino también dentro,
como Roberto Kilwardby en Oxford y más tarde Durando en París. Fue nefasta la
oposición de la corriente agustiniana en Teología, que se unía a la averroísta
en Filosofía.
Con
su muerte cayeron sospechas de condenas doctrinales del obispo Esteban Tempier,
las persecuciones contra sus discípulos, la aversión de los franciscanos
capitaneada por juan Peckham, que llegó a iniciar un proceso, interrumpido a
tiempo por la muerte del Papa Juan XXI. La Orden de Predicadores tardó en
reconocer el tesoro doctrinal del maestro. Pero la luz brilla a pesar de todo y
la estrella de Tomás volvió a resplandecer desde 1323 y sigue avanzando en el
cielo de la Iglesia y de la santidad. Su canonización en 1323 por SS Juan XXII,
la proclamación de Doctor de la Iglesia en 1657 por el Papa dominico San Pio V,
y la promoción de su doctrina en la Iglesia por obra de Leon XIII en 1879.
Juan
XXII decía que Tomás había hecho tantos milagros cuantos artículos había
escrito.
Santo
Tomás fue proclamado Patrono de todas las Escuelas Católicas, es apóstol de la inteligencia
y en él se combina el cultivo de las tres sabidurías: filosófica, teológica y
mística. El RP Abelardo Lobato termina esta importantísima y oportuna obra
diciendo que la fuerza de su doctrina y la veneración de su santidad serán una
ayuda preciosa para la situación espiritual empobrecida que vive ahora la
humanidad.
Celebro
la publicación de esta obra que recomiendo ampliamente y felicito muy
sinceramente a los que la están promoviendo. Espero que todos la adquieran y la
disfruten. Muchas gracias.
Manuel
Ocampo Ponce.
Ciudad
Guzmán, Jalisco
28
de septiembre de 2012.
EL MENSAJERO DE SANTO TOMÁS, AGOSTO 2015, NÚMERO 1. FUNDACIÓN SANTO TOMÁS DE AQUINO, AC. PÁGINAS 1-2, DIRECTOR-EDITOR: HÉCTOR ALFONSO RODRÍGUEZ AGUILAR.
EL MENSAJERO DE SANTO TOMÁS, AGOSTO 2015, NÚMERO 1. FUNDACIÓN SANTO TOMÁS DE AQUINO, AC. PÁGINAS 1-2, DIRECTOR-EDITOR: HÉCTOR ALFONSO RODRÍGUEZ AGUILAR.
Puedes consultar el ejemplar digital de pdf dar un click al vínculo:

No hay comentarios.:
Publicar un comentario