miércoles, 23 de diciembre de 2015

La Voz de Santo Tomás



El Espíritu Santo, alma de la Iglesia

“Todo ser humano está compuesto de un cuerpo y un alma; Sin embargo, está formado por diversos miembros. Así hay en la Iglesia católica un solo cuerpo y diversos miembros. El alma que vivifica este cuerpo es el Espíritu Santo. Por esto, al final del símbolo de nuestra fe (Credo), después de haber profesado la parte sobre el Espíritu Santo, añadimos, Creo en la Santa Iglesia Católica.

La Iglesia es, en efecto, un conjunto, el conjunto de los creyentes, es una Iglesia santa; y cada cristiano es uno de sus miembros…

Sin embargo, la Iglesia es una. Tres causas concurren a esta unidad.
La unidad de la fe: todos los cristianos que forman parte del cuerpo de la Iglesia profesan la misma verdad.
En segundo lugar, la unidad de la esperanza: todos se mantienen en la misma confianza de alcanzar la vida eterna.

Tercero, la unidad del amor: todos están enlazados en el amor de Dios, y, entre ellos, por un amor mutuo. Este, amor, si es verdadero, se muestra por una preocupación activa de los miembros entre sí y por una participación común en las mismas pruebas.

La Iglesia es santa. Hay, para el conjunto de sus fieles, tres fuentes de santidad: el bautismo, como un templo, para ser consagrado, es purificado materialmente antes de hacer uso de sus funciones, así los fieles son lavados en la Sangre de Cristo.

Después por una unción: como el templo es ungido, así sus fieles, por una unción espiritual que los santifica; de otro modo no serían cristianos, pues Cristo significa Ungido de Dios.
En tercer lugar, por la inhabitación de la gracia…

La Iglesia es católica, esto es, universal.  Primero, en cuanto lugar, pues está extendida por el mundo…
Segundo, en cuanto a la condición de los hombres: nadie está excluida de ella, ni señor, ni esclavo, ni hombre, ni mujer…

Tercero, en cuanto al tiempo, comenzó en el tiempo de Jesucristo y durará hasta el fin del mundo…
La Iglesia de Dios es sólida. Se dice que una casa es sólida cuando tiene buenos cimientos: el cimiento de la Iglesia es Cristo… el cimiento secundario son los apóstoles y su doctrina; por ello se dice de la Iglesia que es apostólica”.


Santo Tomás de Aquino, Comentario al símbolo de la fe, art. 9.

El Mensajero de Santo Tomás; Director-Editor: Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar; Número 3; Octubre de 2015.  Si gustas consultar la versión electrónica, puedes pulsar en el siguiente link: http://issuu.com/aquinatenses/docs/03_curvas

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