Nueva exhortación del Papa Francisco
Con Gaudete et Exsultate, el papa
Francisco lanza un “llamado a la santidad en el mundo actual”. Estos son los
diez consejos extraídos de la exhortación apostólica del Papa “El llamado a la
santidad en el mundo actual”.
1. No eludas el llamado
“Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosos o
religiosas. (…) Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y
ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada
uno se encuentra”. § 14
“Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres
que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan
para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que
siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la
santidad de la iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad “de la puerta
de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la
presencia de Dios, o, para usar otra expresión, “la clase media de la santidad”.
§ 7
2. Déjate guiar por las Bienaventuranzas
“Las Bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial;
al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con
toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del
orgullo”. § 65
“Ser pobre en el corazón, esto es la santidad”; “Reaccionar con humilde
mansedumbre, esto es santidad”; “saber llorar con los demás, esto es santidad”;
“Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad”; “Mirar y actuar con
misericordia, esto es santidad”; “Mantener el corazón limpio de todo lo que
mancha el amor, esto es santidad”; “sembrar paz a nuestro alrededor, esto es
santidad”. § 70 a 89
3. ¿Quieres amar? Actúa
“Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente
anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a
obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de
misericordia”. § 107
“Cuando encuentro a una persona durmiendo expuesta a la intemperie, en
una noche fría, puedo sentir que ese “bulto” es un imprevisto que me
interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto
para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta
una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la
caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una
criatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano
redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos!” § 98
4. Cultiva la humildad
“La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las
humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. Si tú no eres capaz de
soportar y ofrecer algunas humillaciones, no eres humilde y no estás en el camino
de la santidad. La santidad que Dios regala a su iglesia viene a través de la
humillación de su Hijo, ese es el camino”. § 118
“No digo que la humillación sea algo agradable, porque eso sería
masoquismo, sino que se trata de un camino para imitar a Jesús y crecer en la
unión con él”. § 120
5. Conserva la alegría
“El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder
el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado”. § 122
“No estoy hablando de la alegría consumista e individualista tan
presente en algunas experiencias culturales de hoy. Porque el consumismo solo
empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no
gozo”. § 128
6. Atrévete a evangelizar
“Al mismo tiempo, la santidad es parresía: es audacia, es empuje
evangelizador que deja una marca en este mundo”. § 129
“Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a
desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las
fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres
humanos, por debajo la apariencia de la superficialidad y el conformismo,
siguen buscando la respuesta a la pregunta del sentido de la vida”. § 135
7. No te resignes nunca
“A causa de la costumbre, ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que
las cosas “sean lo que son”, o lo que algunos han decidido que sean. Pero
dejemos que el Señor venga a despertarnos, salvarnos de nuestro letargo,
liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los
oídos, y sobre todo, el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a
nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado”. §
137
8. Reza cada día. Y vuelve a comenzar
“No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente
de largos momentos o de sentimientos intensos” § 147
“Quisiera insistir que esto no es solo para algunos privilegiados, sino
para todos, porque “todos tenemos necesidad de este silencio lleno de presencia
adorada (1). La oración confiada es una reacción del corazón que se abre a Dios
frente a frente, donde se hacen callar todos los rumores para escuchar la suave
voz del Señor que resuena en el silencio”. § 149
“Entonces, me atrevo a preguntarte: ¿Hay momentos en los que te pones en
su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas, y te dejas mirar por
él? ¿Dejas que su fuego inflame tu corazón? Si no le permites que alimente el
calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así, ¿cómo podrás
inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras?” § 151
9. Prepárate para el combate
“La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valor
para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es
muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra
vida”. § 158
“No aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la
vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural. Precisamente, la
convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite
entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva”. § 160
“Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo,
una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos
y a quedar más expuestos”. § 161
“Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe
que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la
celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación
sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria y el empeño misionero”.
§ 162
10. Aprende a discernir lo que Dios quiere para ti
“¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el
espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el
discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un
sentido común, es también un don que hay que pedir”. § 166
“Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante,
porque la magnitud se muestra en lo simple y en lo cotidiano”. § 169
“Lo que está en juego, es el sentido de mi vida ante el Padre que me
conoce y me ama, el verdadero sentido de mi existencia que nadie conoce mejor
que él”. § 170
(1) Juan Pablo II, Carta apostólica Orientale
lumen.
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