En una época en que la humanidad difícilmente
consigue armonizar la fe y la razón, los Papas muestran el rumbo correcto al
pensamiento, recomendando la doctrina imperecedera de Santo Tomás de Aquino.
Por: Pbro. Joao Scognamiglio Clá Dias, E.P.
"Eterna
es la fidelidad del Señor" (Sl 116, 2).
Uno de los síntomas por los cuales podemos
discernir cuánto Dios crea el alma con vistas a la vida eterna es la
inextinguible sed de eternidad que brota de lo más profundo de su corazón. Y
eso sucede a pesar de que el hombre constata hasta qué punto es efímera su
existencia terrena, como dice el Eclesiástico: "La duración de la vida humana es como mucho de cien años. En el
día de la eternidad esos breves años serán contados como una gota de agua de
mar, como un grano de arena" (Eclo 18,8).
El
hombre tiene sed de perpetuar su recuerdo
Mientras, arde en el hombre el deseo de
prolongar establemente su recuerdo junto a los que con él viven, como también
entre aquellos que en el futuro habrán de existir. La angustia, muchas veces,
persuade al espíritu de quien se coloca en la perspectiva de ser completamente
olvidado por los suyos y por la posteridad. La simple consideración de este
versículo del Eclesiastés: "No queda
recuerdo de los antepasados, y de los que vendrán después tampoco quedará
recuerdo entre sus sucesores" (Eclo 1,11), casi siempre deja cierta
amargura en el fondo del alma de quien experimenta la progresiva cercanía de la
muerte.
Ese es el pánico psíquico que estuvo en la
raíz de la febril búsqueda de éxito por parte de tantos infelices. Ellos
encontraron más frustración que felicidad y, lo que es peor, ad perpetuam rei memoiram (perpetuaron
así su memoria). Pero todavía, ese recuerdo por el cual ansiaban se fijó en las
estelas de la Historia, bien en el extremo opuesto a la gloria divina que
deseaban. Los tiempos que nos precedieron están cuajados de ilustraciones de
esa triste situación. Algunos, sin embargo, se volvieron paradigmáticos como
es, por ejemplo, el caso de Alejandro Magno (356-323 a.C.).
Nos cuenta la Historia, que él llegó a exigir
a sus súbditos un culto de idolatría, considerándose dios. Pero, ¿De qué le
valió la sucesión de magníficas victorias, la fundación del Imperio griego y el
hecho de haberse convertido en el dueño absoluto de Oriente Próximo?1
Al pasar recordemos otro nombre, cargado de
significado, para ilustrar los desastrosos resultados a que conduce ese
desafortunado delirio de autopromoción. Recordemos cuánto se volvió famoso el
emperador Calígula por sus excesos de crueldad. Su recuerdo permaneció -y así
sucederá hasta el fin de los tiempos- manchado por los perores crímenes y
atrocidades, y jamás dejará de ser objeto de horror y abyección.
"Eterno será el recuerdo del justo"
¡Cómo se equivocaron esos tantos hombres!
Pues el camino para perpetuar el recuerdo es otro, como afirma el Salmista
"Eterno será el recuerdo del justo" (Sl 111, 6), o el propio Libro de
la Sabiduría: "Más vale una vida sin
hijos, pero rica en virtudes; su recuerdo será inmortal, porque será conocido
por Dios y por los hombres" (Sb 4, 1). Todavía más coronada de gloria
será la inmortalidad de su recuerdo, si de sus labios o de su pluma brotaron
sabias y elevadas explicitaciones según los recursos de la razón humana, sobre
las últimas causas, el mundo, el hombre y la propia existencia de Dios, como
también de sus atributos. Y si ese esfuerzo no se apoya exclusivamente en la
inteligencia sino, de manera especial, en las luces que nos proporciona la
Revelación, el fulgor resultante será mayor.
Perfecta unión entre filosofía y teología
Un indiscutible ejemplo de quien, en esa
línea, marcó los acontecimientos de la Iglesia y fue aureolado con la mejor
fama es Santos Tomás de Aquino. Por un rico soplo del espíritu santo, él supo
conjugar las verdades filosóficas y teológicas mientras eran procedentes de la
Verdad Creadora e Inteligencia Suprema. Y eso por la Filosofía que es la más
importante de las ciencias al igual que la Teología, siendo ésta la primera
entre todas ellas. Uno estudia el orden de la naturaleza y el otro orden de la
gracia. Ambas muy armónicas, pues, de ellas, uno solo es el creador. ¡Dios! Él
es el autor de la verdad natural, como también de la revelada, y de ahí es
necesario que haya un perfecto entrelazamiento entre razón y fe.
En el corazón del Doctor Angélico, la lógica
adquiere alas sin perder su contacto con la tierra, y las ciencias físicas,
metafísicas y filosóficas, con toda humildad, se inclinan delante de la
autoridad divina para servir a la Teología. En su mente encontramos un
fundamental resumen de toda la ciencia de la Edad Media, y hasta de la del
mundo antiguo, purificada y santificada; allí estaba la Filosofía y la Teología
conducidas a una perfecta unión, la razón sometida a la fe con nuevo vigor y
energía. Por eso no debemos considerar sus obras como simples ensayos de
Teología o de Filosofía, sino una monumental síntesis de enorme envergadura y
profundidad, esplendor de una gran época. De ahí se vuelve comprensible todavía
hoy, el motivo por el cual se debe buscar en Santo Tomás una de las más bellas
aplicaciones del método, o mejor aún diciendo de la lógica en toda la fuerza de
su claridad y penetración y nunca con las trabas con que la revistieran en los
siglos posteriores.
La Suma Teológica marcó su época y la
posteridad
Tanto en el alma de los Santos como en la voz
del Magisterio de la Iglesia, siempre hubo reconocimiento del genio divino con
el cual Santo Tomás elaboró su Suma Teológica, discerniendo y desenvolviendo
todas las ramas del conocimiento humano, agrupándolos, entrelazándolos y
entregándolos al servicio de la fe. Y en esa perspectiva es que encontramos a
San Alberto Magno abismado delante de la Suma Teológica producida por su
ex-alumno, cuando con mucho esfuerzo buscaba él avanzar la suya propia, que
hacía cierto tiempo que la había comenzado.
"Cuando
Alberto leyó la Suma de su antiguo alumno, exclamó maravillado: ´¡Esto es
perfecto y definitivo!´ Y se abstuvo de continuar la suya. En el Concilio de
Trento confirmó su parecer: sobre la mesa de la sala colocó, al lado de la
Biblia, la Suma de Santo Tomás, como Testamento de la Edad Media".2
Teólogo recomendado por el Concilio Vaticano
II
El brillo de la fulgurante aura de Santo
Tomás no quedó circunscrito a la Edad Media; todavía hoy sus luces nos asisten
con sus rayos. En la carta Lumen Eclesiae,
del Siervo de Dios Pablo VI, dirigida al Superior General de los Dominicos con
motivo del VII centenario de la muerte del gran doctor de la Iglesia,
encontramos este importante elogio:
"También
el Concilio Vaticano II recomendó, dos veces, a Santo Tomás en las escuelas
católicas. En efecto, al tratar de la formación sacerdotal, afirmó: ´Para
explicar de la forma más completa posible los misterios de la salvación,
aprendan los alumnos a profundizar en ellos mismos y descubrir su conexión, por
medio de la especulación, sobre el magisterio de Santo Tomás´. El mismo
Concilio Ecuménico, en la Declaración sobre la Educación Cristiana, exhorta a
las escuelas de nivel superior a buscar que, ´estudiando con esmero las nuevas
investigaciones del progreso contemporáneo, se perciba más profundamente como
la fe y la razón tienen la misma verdad´; y después afirma que para ese fin es
necesario seguir los pasos de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo
Tomás. Es la primera vez que un Concilio ecuménico recomiendo a un teólogo, y
este es Santo Tomas".3
Juan Pablo II resalta la actualidad de la
doctrina tomista
Es particularmente significativo el empeño de
Juan Pablo II en resaltar la actualidad de la doctrina tomista. El 13 de
septiembre de 1980, al recibir a los participantes en el VII Congreso tomista
Internacional, con motivo del centenario de la encíclica Aeterni Patris; de su predecesor León XIII, el Papa Juan Pablo II
afirmaba:
"Los
cien años de la encíclica Aeterni Patris no pasaron en vano, ni ese célebre
documento del Magisterio Pontificio perdió su actualidad. La encíclica se basa
en un principio fundamental, que le confiere una profunda unidad orgánica
interior. Es el principio de la armonía entre las verdades de la razón y las
verdades de la fe [...]
"Con
Aeterni Patris (Eterno
Padre) -que tenía como subtítulo, de “philosophia
christiana...ad mentem sancti Thomae...in scholis catholics instauranda”- (“La
filosofía cristiana según el pensamiento de Santo Tomás, sea establecida en las
escuelas católicas”). León XIII
manifestaba la certeza de que se había llegado a una crisis, un disputar y un
conflicto o, por lo menos, a un ofuscamiento acerca de la relación entre la
razón y la fe [...] Era, por tanto, el momento de imprimir un nuevo rumbo a los
estudios en el interior de la Iglesia. León XIII se aplicó con clarividencia a
esa tarea, representando -este es el sentido de instaurar- el pensamiento
perene de la Iglesia, en la límpida y profunda metodología del Doctor
Angélico". 4
Eje central del pensamiento cristiano
Destacó también el Siervo de Dios Juan Pablo
II, en esa ocasión, el importante lugar que ocupa Santo Tomás, tanto en los
cielos de la Filosofía como los de la Teología:
"Como
afirmaba Pablo VI [...] Santo Tomás, por disposición de la Divina Providencia,
puso el remate a toda la teología y filosofía "escolástica", como
suele llamarse, y fijó en la Iglesia el quicio central en torno al cual,
entonces y después, ha podido girar y avanzar con paso seguro el pensamiento
cristiano. (Lumen Ecclesiae, 13,3).
"Está
en esto la preferencia dada por la Iglesia al método y doctrina del Doctor
Angélico, Lejos de la preferencia exclusiva, se trata de una referencia
ejemplar, que permitió a León XIII declararlo "Insigner scholasctic´s
Doctores omnium princips et magister" (“Emblemático doctor escolástico de todos
los príncipes y maestros.”) (Aeterni
Patris, 13). Así es verdaderamente Santo Tomás, no solo por su plenitud, por el
equilibrio, por la profundidad y por la limpidez de estilo, sino aún más por el
vivísimo sentido de fidelidad a la verdad, que también puede llamarse realismo.
Fidelidad a la voz de las cosas creadas, para construir el edificio de la Filosofía;
fidelidad a la voz de la Iglesia, para construir el edificio de la
Teología". 5
Justo equilibrio entre fe y razón
Es, sin embargo, en la encíclica Fides et
Ratio, donde el Papa torna más candente la actualidad del tomismo,
proponiéndolo como justo equilibrio entre la fe y la razón, "las dos alas del espíritu humano":
"Aún
señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el Doctor Angélico no
ha olvidado el valor de su carácter nacional; sino que ha sabido profundizar y
precisar este sentido. En efecto, la fe es de algún modo ´ejercicio del
pensamiento´; la razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando su
asentamiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan mediante
una opción libre y consciente. [...].
"Precisamente
por este motivo la Iglesia ha propuesto siempre a Santo Tomás como maestro de
pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología".6
Benedicto XVI enfatiza nuevamente su
actualidad
Nos cabe todavía recordar un reciente
discurso de Su Santidad Benedicto XVI, felizmente reinante, sobre el Doctor
Angélico, enfatizando su actualidad como solución al inconsistente conflicto
entre fe y razón:
"El
calendario litúrgico recuerda hoy a santo Tomás de Aquino, gran doctor de la
Iglesia. Con su carisma de filósofo y de teólogo, ofrece un valioso modelo de
armonía entre razón y fe, dimensiones del espíritu humano que se realizan
plenamente en el encuentro y en el diálogo entre sí. Según el pensamiento de
santo Tomás, la razón humana, por decirlo así, ´respira´ o sea, se mueve en un
horizonte amplio, abierto, donde puede expresar lo mejor de sí. En cambio,
cuando el hombre se reduce a pensar solamente en objetos materiales y experimentables y se cierra a los grandes
interrogantes sobre la vida, sobre sí mismo y sobre Dios, se empobrece. La
relación entre fe y razón constituye un serio desafío para la cultura
actualmente dominante en el mundo occidental y, precisamente por eso, el amado
Juan Pablo II quiso dedicarle una encíclica, titulada justamente Fides et
ratio, Fe y razón".7
Padre
de la filosofía moderna
Todavía sobre la consagración histórica y universal
de Santo Tomás, en cuanto filósofo y teólogo, valdría la pena acordarnos del
hecho que el Papa Juan XXII afirmó que se aprende más durante un año de estudio
dedicado a sus obras, en comparación a las décadas consagradas a profundizar en
los escritos de otros autores.
Es indispensable, además, reconocer los
méritos del Papa León XIII en resaltar los valores científicos de las
explicitaciones de Santo Tomás. Fue por una acción directa suya -en el siglo
XIX por tanto- que surgieron centros de estudios tomistas en las universidades
católicas, propiciando, de esa forma, la influencia del Doctor Angélico en los
descubrimientos e investigaciones de la ciencia. La Biología, la Química y la
propia Psicología experimental, en sus nuevas conquistas, se enriquecieron, así
con una sabia doctrinaria antigua. Importantes universidades modernas del
continente europeo, también del americano, pasaron a beber los grandes
principios tomistas; por ejemplo, Harvard, Oxford, la Sorbonne y Louvain. No
fue sin razón que Etiénne Gilson, famoso catedrático de la Sorbonne, dio a
Santo Tomás el título de Padre de la Filosofía Moderna. Tuvo en cuenta ese
maestro cuánto la metafísica de Santo Tomás constituye el fundamento unificador
de la cultura grecorromana, bautizada y alimentada por el Cristianismo.
Ofrecer una contribución al pensamiento
moderno mediante una clave antigua y nueva
Dado el exiguo espacio de un artículo, no
pretendemos aquí comentar las numerosas obras densas en sustancia doctrinal de
ese género hors série (ocasionales)
de la verdadera Iglesia. Ni siquiera en nada nos persuade la pretensión de
suponernos poseedores de los conocimientos que nos volvieron capaces de señalar
todos los méritos de elaboración de nuestro Santo Doctor. Queremos apenas abrir
un poco nuestros corazones y manifestar el por qué la Iglesia Católica, así
como la Universidad Pontificia Santo Tomás de Aquino de Roma “Angelicum” y
otros tantos institutos y centros de enseñanza han decidido promover el estudio
de la Filosofía y Teología medievales, destacando de forma especial la doctrina
tomista.
Deseamos ofrecer una contribución al
pensamiento moderno mediante una clave antigua y nueva al mismo tiempo: la
unión de la luz de la razón con la de la fe bajo el prisma de la Revelación,
dentro del sistema teológico de Aquinate.
En efecto, los hombres y las mujeres de
nuestro tiempo, cansados de buscar la verdad en sistemas de pensamiento
extremamente contrapuestos y diversos, están sedientos de beber de una fuente
limpia y clara, de agotar la certeza en una escuela de pensamiento de
inspiración cristiana, que ofrezca un sistema que no esté sujeto a las
limitaciones que el divorcio entre la realidad natural y la sobrenatural impone
a la inteligencia y a la voluntad humana.
Pues bien, lejos de cualquier anacronismo, el
estudio y la búsqueda de las fuentes tomistas contribuyen con una respuesta
convincente a aquellos que buscan las cumbres y el esplendor de la verdad.
(Extraído del artículo publicado en
"Lumen Veritatis -Revista de Inspiración Tomista", Año I, n° 1 -
Octubre a Diciembre 2007)
1 Cf. Gran Enciclopedia Rialp, Vol. I,
Madrid: Rialp SA, 1971
2 WEISS, J.B. Historia Universal, Barcelona, Tip. de la Educación, 1929, Vol.
VII, p. 170. Traducción nuestra.
3 PABLO VI. Lumen Ecclesiae, n. 24, Disponible en:
http://www.vatican.va/hoyly_father/paul_vi_let:19741120_lumen-ecclesiae_sp.html.
Traducción nuestra.
4 JUAN PABLO II Congreso Tomista
Internacional. Discurso a los participantes. 13 sept. 1980. Disponible en:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1980/september/documents/hf_j´-ii_spe_19800913_congresso-tomistico_it.html.
Traducción nuestra.
5 Idem.
6 JUAN PABLO II. Fides et Ratio, n. 43. Disponible en:
http//www.vatican.va/edocs/ESL0036/_PA.HTM.
7 BENEDICTO XVI. Ángelus. 28 ene.2007. Disponible en:
http//www.vatican.va/holy_father/benedict:xvi/angelus/207/documents/hf_benxvi_ang_20071128_sp.html.
Si gustas puedes consultar este artículo en la versión en Pdf de: El Mensajero de Santo Tomás, http://issuu.com/aquinatenses/docs/05_curvas

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