Frei Betto y Leonardo Boff.
Por: Michael Löwy
Traducción por Caty R.
Los cristianos comprometidos socialmente son uno de los componentes
más activos e importantes del movimiento altermundista; particularmente, pero
no sólo, en América Latina y muy especialmente en Brasil, país que acogió las
primeras reuniones del Foro Social Mundial (FSM). Uno de los iniciadores del
Foro, Chico Whitaker, miembro de la "Comisión Justicia y Paz" de la
CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos Brasileños), pertenece a esta esfera
de influencia, lo mismo que el sacerdote belga François Houtart, amigo y
profesor de Camilo Torres, promotor de la revista Alternatives Sud, fundador del "Centro Tricontinental"
(CETRI) y una de las figuras intelectuales más influyentes del Foro.
Podemos fechar el nacimiento de esta corriente, que podríamos
denominar como "cristianismo de la liberación", a principios de los
años 60, cuando la Juventud Universitaria Cristiana brasileña (JUC), alimentada
de cultura católica francesa progresista (Emmanuel Mounier y la revista Esprit, el padre Lebret y el movimiento
"Economía y Humanismo", el Karl
Marx del jesuita J.Y. Calvez), formula por primera vez, en nombre del
cristianismo, una propuesta radical de transformación social. Este movimiento
se extiende después a otros países del continente y encuentra, a partir de los
años 70, una expresión cultural, política y espiritual en la "Teología de
la Liberación".
Los dos principales teólogos de la liberación brasileños, Leonardo
Boff y Frei Betto están, por tanto, entre los precursores e inspiradores del
altermundismo; con sus escritos y sus palabras participan activamente en las
movilizaciones del "movimiento de los movimientos" y en los
encuentros del Foro Social Mundial. Si su influencia es muy significativa en
Brasil, donde muchos militantes de los movimientos sociales como sindicatos,
MST (campesinos sin tierra) y movimientos de mujeres, provienen de comunidades
eclesiásticas de base (CEB) que se reconocen en la Teología de la Liberación,
sus escritos también son muy conocidos entre los cristianos de otros países,
tanto de América Latina como del resto del mundo.
Si hubiera que resumir la idea central de la
Teología de la Liberación en una sola frase, sería "opción preferente para
los pobres".
¿Cuál es la novedad? ¿La Iglesia no estuvo siempre caritativamente
atenta al sufrimiento de los pobres? La diferencia -capital- es que el
cristianismo de la liberación ya no considera a los pobres como simples objetos
de ayuda, compasión o caridad, sino como protagonistas de su propia historia,
artífices de su propia liberación. El papel de los cristianos comprometidos
socialmente es participar en la "larga marcha" de los pobres hacia la
"tierra prometida" -la libertad- contribuyendo a su organización y
emancipación sociales.
El concepto de "pobre" tiene obviamente un profundo alcance
religioso en el cristianismo, pero corresponde también a una realidad social
esencial en Brasil y América Latina: la existencia de una inmensa masa de desposeídos,
tanto en las ciudades como en el campo, que no son todos proletarios o
trabajadores. Algunos sindicalistas cristianos latinoamericanos hablan de
"pobretariado" para describir a esta clase de desheredados que no
sólo son víctimas de la explotación sino, sobre todo, de la exclusión social
pura y simple.
El proceso de radicalización de las culturas católicas de Brasil y
América Latina que desembocó en la creación de la Teología de la Liberación no
va desde la cumbre de la Iglesia para irrigar su base ni de la base popular
hacia la cumbre (dos versiones que se encuentran a menudo en los planteamientos
de los sociólogos o historiadores del fenómeno), sino de la periferia hacia el
centro. Las categorías o sectores sociales del ámbito religioso que serán el
motor de la renovación son todos, de alguna forma, marginales o periféricos con
relación a la institución: movimientos laicos de la Iglesia y sus capellanes,
expertos laicos, sacerdotes extranjeros, órdenes religiosas. En algunos casos
el movimiento alcanza el "centro" y consigue influir en las
conferencias episcopales (particularmente en Brasil), en otros casos se queda
bloqueado en los "márgenes" de la institución.
Aunque existen divergencias significativas entre los teólogos de la
liberación, en la mayoría de sus escritos encontramos repetidos los temas
fundamentales que constituyen una salida radical de la doctrina tradicional y
establecida de las Iglesias católica y protestante:
1)
Una implacable acusación moral y social contra
el capitalismo como sistema injusto e inicuo, como forma de pecado estructural.
2)
El uso del instrumento marxista para
comprender las causas de la pobreza, las contradicciones del capitalismo y las
formas de la lucha de clases.
3)
La opción preferente a favor de los pobres y
la solidaridad con su lucha de emancipación social.
4)
El desarrollo de comunidades cristianas de
base entre los pobres como la nueva forma de la Iglesia y como alternativa al
modo de vida individualista impuesto por el sistema capitalista.
5)
La lucha contra la idolatría (y no el ateísmo)
como enemigo principal de la religión, es decir, contra los nuevos ídolos de la
muerte adorados por los nuevos faraones, los nuevos Césares y los nuevos
Herodes: El consumismo, la riqueza, el poder, la seguridad nacional, el estado,
los ejércitos; en pocas palabras, "la civilización cristiana occidental
".
Examinemos más de cerca los escritos de Leonardo Boff y de Frei Betto,
cuyas ideas contribuyeron sin duda a la formación de la cultura
político-religiosa del componente cristiano del altermundismo.
El libro de Leonardo Boff -en la época miembro de la orden
franciscana- Jesús Cristo libertador, (Petropolis, Vozes,
1971), puede considerarse como la primera obra de la Teología de la
Liberación en Brasil. Esencialmente se trata de una obra de exégesis
bíblica, pero uno de los capítulos, posiblemente el más innovador, que se
titula “Cristología desde América Latina”,
expresa el deseo de que la Iglesia pueda
“participar de manera crítica en el arranque
global de liberación que conoce hoy la sociedad
sudamericana”. Según Boff, la hermenéutica bíblica de su libro está
inspirada por la realidad
latinoamericana, lo que da como resultado “la
primacía del elemento antropológico
sobre el eclesiástico, del utópico sobre el efectivo, del crítico sobre el
dogmático, del social sobre el personal y de la ortopraxis sobre la ortodoxia”;
aquí se anuncian algunos de los temas
fundamentales de la Teología de la Liberación2.
Personaje carismático, con una cultura y una creatividad enormes, al
mismo tiempo místico franciscano y combatiente social, Boff se convirtió
enseguida en el principal representante brasileño de esta nueva corriente
teológica. En su primer libro ya encontramos referencias al "Principio Esperanza" de Ernst
Bloch, pero progresivamente, en el curso de los años 70, los conceptos y temas
marxistas cada vez aparecen más en su obra hasta convertirse en uno de los
componentes fundamentales de su reflexión sobre las causas de la pobreza y la
práctica de la solidaridad con la lucha de los pobres por su liberación.
Rechazando el argumento conservador que pretende juzgar el marxismo
por las prácticas históricas del llamado "socialismo real", Boff
constata no sin ironía que lo mismo que el cristianismo no se identifica con
los mecanismos de la Santa Inquisición, el marxismo no tiene porqué equipararse
a los "socialismos" existentes, que "no representan una
alternativa deseable a causa de su tiranía burocrática y el ahogo de las libertades individuales". El ideal socialista puede y
debe tomar otras formas históricas3.
Leonardo Boff un revolucionario de la palabra.
En 1981 Leonardo Boff publica el libro Igreja carisma e poder, una vuelta de tuerca en la historia de la
Teología de la Liberación: por primera vez desde la Reforma protestante, un
sacerdote católico pone en entredicho, de manera directa, la autoridad
jerárquica de la Iglesia, su estilo de poder romano-imperial, su tradición de
intolerancia y dogmatismo –simbolizada durante varios siglos por la
Inquisición-, la represión de toda crítica venida de abajo y el rechazo de la
libertad de pensamiento. Denuncia también la pretensión de infalibilidad la
Iglesia y el poder personal excesivo de los papas, que compara, no sin ironía,
con el del secretario general del Partido Comunista soviético.
Convocado por el Vaticano en 1984 para un "coloquio" con la
Santa Congregación para la Doctrina de la Fe (antes el Santo Oficio), dirigida
por el Cardenal Ratzinger, el teólogo brasileño no agacha la cerviz, se niega a
plegarse, permanece fiel a sus convicciones y Roma le condena a un año de "silencio
obsequioso"; finalmente, frente a la multiplicación de las protestas en
Brasil y otros lugares, se le redujo la sanción a varios meses. Diez años más
tarde, cansado del hostigamiento, las prohibiciones y las exclusiones de Roma,
Boff abandona la orden de los franciscanos y la Iglesia sin abandonar, no
obstante, su actividad de teólogo católico.
A partir de los años 90 se interesa cada vez más por las cuestiones
ecológicas, que aborda a la vez con un espíritu de amor místico y franciscano
por la naturaleza y con una perspectiva de crítica radical del sistema
capitalista. Será el objeto del libro Dignitas Terrae. Ecologia: grito da
terra, grito dos pobres, (S. Paulo, Atica, 1995) y escribe innumerables ensayos
filosóficos, éticos y teológicos que abordan esta problemática. Según Leonardo
Boff, el encuentro entre la Teología de la Liberación y la ecología es el
resultado de una constatación: "La misma lógica del sistema dominante de
acumulación y la organización social que conduce a la explotación de los trabajadores,
lleva también al pillaje de naciones enteras y finalmente a la degradación de
la naturaleza".
Por tanto, la Teología de la Liberación aspira a una ruptura con la
lógica de este sistema, una ruptura radical que apunta a "liberar a los
pobres, los oprimidos y los excluidos, las víctimas de la voracidad de la
acumulación injustamente distribuida y liberar la Tierra, esta gran víctima
sacrificada por el pillaje sistemático de sus recursos, que pone en riesgo el
equilibrio físico, químico y biológico del planeta como un
todo". El paradigma opresión/liberación se aplica, pues, para ambas: las
clases dominadas y explotadas por un lado y la Tierra y sus especies vivas por
otro4.
Amigo próximo de Leonardo Boff (publicaron algunos libros juntos),
Frei Betto es sin duda uno de los teólogos de la liberación más importantes de
Brasil y América Latina y uno de los principales animadores de los CEB
(movimientos cristianos de base). Dirigente nacional de la Juventud estudiante
cristiana (JEC) a principios de los años 60, Carlos Alberto Libânio Christo (su
verdadero nombre) comenzó su educación espiritual y política con Santiago
Maritain, Emmanuel Mounier, el padre Lebret y el gran intelectual católico
brasileño Alceu Amoroso Lima, pero, durante su actividad militante en el
movimiento en que estudiaba, la Unión Nacional de los Estudiantes (UNO),
descubrió El Manifiesto Comunista y La Ideología Alemana. Cuando entró como
novicio en la orden de los dominicos en 1965, en aquella época uno de los
principales focos de elaboración de una interpretación liberacionista del
cristianismo, ya había tomado firmemente la resolución de consagrarse a la
lucha de la revolución brasileña5.
Impresionado por la pobreza del pueblo y por la dictadura militar
establecida en 1964, se incorpora a una red de dominicos que simpatizan
activamente con la resistencia armada contra el régimen. Cuando la represión se
intensificó en 1969, socorrió a numerosos militantes revolucionarios
ayudándolos a esconderse o a cruzar la frontera para alcanzar Uruguay o
Argentina. Esta actividad le costó cinco años de prisión, de 1969 a 1973.
En un libro fascinante publicado en Brasil y reeditado más de diez
veces,
Batismo de Sangue. Os dominicanos e a morte de
Carlos Marighella (Río de Janeiro, Ed. Bertrand, 1987), traza el retrato del dirigente del principal
grupo revolucionario armado, asesinado por la policía en 1969, así como el de
sus amigos dominicos atrapados en las ruedas de la represión y destrozados por
la tortura. El último capítulo está consagrado a la trágica figura de Frei Tito
de Alencar, tan cruelmente torturado por la policía brasileña que jamás recobró
su equilibrio psíquico: liberado de la prisión y exiliado en Francia, sufrió
una aguda manía persecutoria y acabó por suicidarse en 1974.
Las cartas de prisión de Betto, publicadas en 1977, muestran su
interés por el pensamiento de Marx, a quien designaba, para burlar la censura
política, "el filósofo alemán". En una carta de octubre de 1971 a una
amiga, abadesa benedictina, observaba: "la teoría económico-social del
filósofo alemán no habría existido sin las escandalosas contradicciones
sociales provocadas por el liberalismo económico, que lo condujeron a
percibirlas, analizarlas y establecer principios capaces de sobrepasarlas"6.
Después de su liberación de prisión en 1973, Frei Betto se consagró a
la organización de las comunidades de base. Durante los años siguientes publicó
varios folletos que, en un lenguaje simple e inteligible, explicaban el sentido
de la Teología de la Liberación y el papel de las CEB. Muy pronto se convirtió
en uno de los principales dirigentes de los encuentros intereclesiásticos
nacionales, donde las comunidades de base de todas las regiones de Brasil
intercambiaban sus experiencias sociales, políticas y religiosas. En 1980
organizó el 4º Congreso internacional de los teólogos del tercer mundo.
Desde 1979 Betto es responsable de la Pastoral obrera de Sao Bernardo
do Campo, ciudad industrial del suburbio de Sao Paulo donde nació el nuevo
sindicalismo brasileño. Sin adherirse a ninguna organización política, no
escondía sus simpatías por el Partido de los Trabajadores (PT). Tras la
victoria electoral del candidato del PT, Luis Inacio Lula da Silva, en 2001,
fue designado por el nuevo presidente para dirigir el programa "Hambre Cero"; sin embargo,
descontento con la orientación económica del gobierno, prisionero de los
paradigmas neoliberales, dimitió de su puesto dos años después.
Mientras algunos teólogos intentan reducir el marxismo a una
"mediación socio-analítica", Betto defiende, en su ensayo de 1986, Cristianismo e Marxismo, una
interpretación mucho más amplia de la teoría marxista que incluye la ética y la
utopía: "el marxismo es, sobre todo, una teoría de la praxis
revolucionaria (...). La práctica revolucionaria sobrepasa el concepto y no se
agota en análisis estrictamente científicos, porque necesariamente incluye
dimensiones éticas, místicas y utópicas (...). Sin esta relación dialéctica
teoría-praxis, el marxismo se esclerosa y se transforma en una ortodoxia académica
peligrosamente manipulable por los que controlan los mecanismos del
poder". Esta última frase es sin duda una referencia crítica a la URSS y a
los países del socialismo real que constituyen, a sus ojos, una experiencia
deformada por su "óptica objetivista", su "tendencia
economicista" y sobre todo, su “metafísica del Estado”.
Betto y Boff, como la inmensa mayoría de los teólogos de la liberación
no aceptan la reducción, típicamente liberal, de la religión a un "asunto
privado" del individuo. Para ellos la religión es un asunto eminentemente
público, social y político. Esta actitud no es necesariamente una oposición a
la laicidad; de hecho, el cristianismo de la liberación se sitúa en las
antípodas del conservadurismo clerical:
Predicando la separación total entre la
Iglesia y el Estado y la ruptura de la complicidad tradicional entre el clero y
los poderosos.
Negando la idea de un partido o un sindicato católico y reconociendo
la necesaria autonomía de los movimientos políticos y sociales populares.
Rechazando toda idea de regreso al "catolicismo político"
precrítico y su ilusión de una "nueva cristiandad".
Favoreciendo la participación de los cristianos en los movimientos o
partidos populares seglares.
Para la Teología de la Liberación no hay contradicción entre esta
exigencia de democracia moderna y seglar y el compromiso de los cristianos en
el ámbito político. Se trata de dos enfoques diferentes de la relación entre
religión y política: desde el punto de vista institucional es imprescindible
que prevalezcan la separación y la autonomía pero en el ámbito ético-político
el imperativo esencial es el compromiso.
Teniendo en cuenta esta orientación eminentemente práctica y combativa
no es de extrañar que muchos de los dirigentes y activistas de los movimientos
sociales más importantes de los últimos años –desde 1990-, se formasen en
América Latina en las ideas de la Teología de la Liberación. Podemos poner como
ejemplo el MST (Movimiento de los Campesinos sin Tierra), uno de los
movimientos más impresionantes de la historia contemporánea de Brasil por su
capacidad de movilización, su radicalismo, su influencia política y su
popularidad (y además una de las principales fuerzas de la organización del
Foro Social Mundial). La inmensa mayoría de los dirigentes y activistas del MST
proceden de las CEB o de la Pastoral de la Tierra: su formación religiosa,
moral, social y, en cierta medida, política, se efectuó en las filas de
"la Iglesia de los pobres". Sin embargo, desde su origen en los años
70, el MST se quiso un movimiento laico, seglar, autónomo e independiente con
relación a la Iglesia. La inmensa mayoría de sus militantes son católicos pero
también hay evangélicos y no creyentes (pocos). La doctrina (¡socialista!) y la
cultura del MST no hacen referencia al cristianismo, pero podemos decir que el
estilo de militancia, la fe en la causa y la disposición al sacrificio de sus
miembros, de los que muchos han sido víctimas de asesinatos y hasta de matanzas
colectivas durante los últimos años, tienen probablemente fuentes religiosas.
Las corrientes y los militantes cristianos que participan en el
movimiento altermundista son muy diversos -ONG, militantes de los sindicatos y
partidos de izquierda, estructuras próximas a la Iglesia- y no comparten las
mismas elecciones políticas. Pero la inmensa mayoría se reconocen en las
grandes líneas de la Teología de la Liberación tal como la formularon Leonardo
Boff, Frei Betto, Clodovis Boff, Hugo
Assmann, D.
Tomas Balduino, D. Helder Câmara, D. Pedro Casaldaliga, y tantos otros
conocidos y menos conocidos, y comparten su crítica ética y social del
capitalismo y su compromiso por la liberación de los pobres.
BIBLIOGRAFÍA:
Leonardo
Boff, Jesus Christ Libérateur, Paris, Cerf, 1985.
L. Boff,
Eglise, Charisme et Pouvoir, Bruxelles, Lieu Commun 1985.
L. Boff, O
caminhar da Igreja com os oprimidos, Petropolis, Vozes, 1988, 3a ediçâo,
prefacio de Darcy Ribeiro.
L. Boff,
"Je m’explique" (entrevistas con C. Dutilleux), Paris, Desclée de
Brouwer, 1994.
L. Boff,
Dignitas Terrae. Ecologia: grito da terra, grito dos pobres, S.Paulo, Atica,
1995.
L. Boff, "Libertaçâo integra: do pobre e da terra", en A
teologia da libertaçâo. Balanço e Perspectivas, S.Paulo, Atica, 1996.
Fr. Fernando, Fr. Ivo, Fr. Betto, O canto na fogueira. Cartas de três
dominicanos quando em carcere politico, Petropolis, Vozes, 1977.
Frei Betto,
Cristianismo e Marxismo, Petropolis, Vozes, 1986.
Frei Betto, Batismo de Sangue. Os dominicanos e a morte de Carlos
Marighella, Río de Janeiro, Editora Bertrand, 1987.
Théologies de
la libération. Documents et debats, Paris, Le Cerf, 1985.
Michael Löwy, La guerre des dieux. Religion et politique en Amerique
Latine, Paris, Ed. du Felin, 1998.
Notas:
1 Löwy, M. (8 de Agosto de 2016). www.rebelion.org. Obtenido de
www.rebelion.org: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=48447
2 L. Boff, Jesus Christ Libérateur, París, Cerf, 1985, pp. 51-55. Ibid.
p. 275.
3 L.Boff, "Libertaçâo integra: do pobre et da terra", en A
teologia da libertaçâo. Balanço e Perspectivas, S.Paulo, Atica, 1996, pp. 115,
124-128.
4
Entrevista de Frei Betto
con el autor, 13-09-1988.
5
Fr. Fernando, Fr. Ivo,
Fr. Betto, O canto na fogueira. Cartas de três dominicanos quando em carcere
politico, Petropolis, Vozes, 1977, pp. 39 e 120.
6 Frei Betto, Cristianismo e Marxismo, Petropolis, Vozes, 1986, pp.
35-37.
Puedes consultar la edición en PDF de El Mensajero de Santo Tomás en la siguiente dirección:

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